Lo injusto como sublimación de lo justo

por Miguel Pérez de Lema


Tener un adolescente en casa sirve. Es durillo pero ilustra y ayuda a tener una perspectiva amplia, flexible, y clemente de las cosas. Por ventura, el adolescente tiene querencia natural por lo progre, esa es su bondad específica, y por lo aprovechado, esa es la tierna cara oscura de toda “ociosa juventud”, que cantara el poeta.

Así las cosas, nos pega en la cara el ladrillazo de la contienda política a cuenta de la prisión permanente revisable, y sobe el ruido mediático en pro de la injusticia que supone relegislar para favorecer a los peores y más peligrosos criminales, se suma el reproche de nuestros adolescentes cercanos, armados de ideas gregarias, que nos juzgan con dureza cuando les avisamos de que la cárcel no es una universidad, y las condenas no son un plazo lo más breve posible para licenciarse, sino una herramienta para castigar el mal. Tanto pecas tanto pagas.

El progresismo necesita llevar el agua a su molino. Pase lo que pase, lo que cuenta no es la realidad, real, concreta, comestible, ni el sentido común. Lo importante es su capacidad para intervenir. Y en este asunto, la justicia, también.

Si el sentido común nos dice que la prisión permanente revisable, aunque escasa, es la única medida que tenemos para que con los crímenes más graves no se cumplan condenas injustamente breves y desproporcionadas al delito, que además son un peligro porque muchas veces dan al criminal la ocasión de cometer nuevos crímenes, el progresismo se siente en la necesidad de dar una vuelta a esa idea. De intervenirla. Y todos a una se pertrechan de sus miradas de desprecio, sus consignas mediáticas y sus adolescentes reprochadores para extender su chapapote.

El adolescente tiene la sana irresponsabilidad natural del perdón a quien no lo merece, y la programación progresista para defender lo indefendible, para que todos sus posibles errores sean responsabilidad de otro y para que alguien, quien sea, apechugue con los gastos. Y eso le hace, además, mejor persona porque así se lo han dicho. Es un monstruito adorable.

Sería sencillo aceptar que lo justo es lo justo, esto es, penas de cárcel proporcionales a la gravedad de los crímenes que se cometan. Pero eso dejaría al progresismo sin intervenir y llevar la cuestión en la dirección que ellos digan, la que sea, cuanto más arbitraria y descerebrada mejor, así la demostración de poder es más apabullante.

Lo justo y sensato son poca cosa, y lo injusto es su sublimación. Lo injusto es mejor porque se le ha dado una vuelta y viene del lado correcto, del bueno, del lado fetén. Y el que diga lo contrario eunfacita.

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2 respuestas a Lo injusto como sublimación de lo justo

  1. Marisol dijo:

    Yo la considero imprescindible para casos como el del Chicle, el asesino de Sandra Palo, los violadores de niños… y el de esta mujer que ha confesado haber matado al hijo de su pareja, especialmente si se confirma que lo de su hija no fuera tan accidental como la policía quiso creer sólo porque era mujer (ni siquiera la interrogaron) .

    Un terrorista podría reinsertarse. Un tío al que le excitan los niños, no. Una psicópata que mata a quien interfiera en sus planes, tampoco. Esa gente debería estar encerrada hasta el fin de los tiempos por el bien de los demás. Creo que se equivocan quienes se oponen a estos, porque ¿para quién es bueno que gente así esté en la calle? Para la sociedad, no. Para las familias de los delincuentes, tampoco. Y, salvo en casos de psicópatas sin sentimientos, para ellos tampoco, Pero parece que esto da votos. O eso creen los politólogos de izquierdas.

  2. Estando de acuerdo con Miguel y Marisol, añado un enfoque distinto de la cuestión.
    Las actuales penas vigentes de 25, 30 y 40 años de prisión no revisable, resultan más duras en la práctica (y mas injustas en algunos casos) que la permanente revisable.
    Puestos a aplicar criterios de proporcionalidad y reinserción, resultaría más razonable la supresión de las primeras por carecer de la monitorización periódica, realizada por expertos, de la evolución de un condenado y sus probabilidades de reincidir. En delitos de máxima gravedad y que despiertan gran alarma social, la permanente revisable ofrece más garantías a la ciudadanía de que “quien la hace la paga”, ejerce más poder disuasorio sobre el presunto delincuente y es más coherente con el mandato constitucional de reinserción.
    Una vez más, el debate público y la contienda política adolecen del conocimiento necesario, en este caso jurídico.

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