¿Han empezado ya a matarnos?

 

Miguel Pérez de Lema

Convendría saberlo. Sería bueno que alguien lanzara un bando donde se dijera claramente que el baile ha empezado.

La alarma, en mi caso, saltó cuando una estudiante de periodismo de 20 años al ver la noticia del fallecimiento de Víctor Laínez, lo justificó afirmando que “era un nazi”. La estudiante no sabía nada de Víctor Laínez, el de los tirantes, pero lleva dos años asistiendo casi a diario a la Universidad Autónoma de Madrid, donde se “oyen cosas” y eso parece suficiente para haberse contagiado del virus del odio, la autosuficiencia, y la maldad.

Víctor Laínez no era un nazi.

Víctor Laínez era ese hombrecillo pintoresco que deambula por todos los cascos viejos de las viejas ciudades, un poco vencido, un poco borracho, un poco excéntrico, que no se metía con nadie y daba color al vecindario. A Víctor Laínez lo mataron por la espalda. Le tumbaron de un golpe mortal por la espalda, y por si acaso, le patearon luego la cabeza en el suelo.

Es muy probable que el proyecto fallido de ser humano que lo asesinó estuviese convencido de que era un nazi que merecía morir porque llevaba unos tirantes con unos colores prohibidos. Los colores de la bandera española. A esto hemos llegado.

Un país donde un extranjero deja paralítico a un policía y se hace un falso documental para desacreditar a la justicia y a la policía y ensalzar al criminal, con apoyo de políticos y periodistas, y donde ese mismo extranjero ejecuta después a un paisano por llevar la bandera nacional, y las estudiantes de 20 años lo justifican, es un país en el que uno tiene que preguntarse si todavía es posible la concordia.

Lo prudente sería tratar este asunto con falsa inocencia y no trazar la línea que conecta los puntos sobre el papel y que dibuja el camino hacia el horror. Hacer como que no llevamos años soportando el discurso del odio, lamentando el adoctrinamiento de unos jóvenes a los que previamente se ha embrutecido, viendo venir a los trepas del odio. Sí, miremos hacia otra parte. Incidentes aislados. Algo habría hecho…

Pero en el fondo no podemos dejar de hacernos la pregunta. En serio. ¿Han empezado ya a matarnos?

 

 

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