Entre Lerma y Bilbao

por La mujer lúcida

lucida

Tengo un padre y tengo un hijo. Dos perros que me han enseñado más sobre mi misma que muchos manuales de filosofía. Una persona con quien dormir y despertar es lo más emocionante del día. Una alumna cuyo progreso hoy ha logrado sorprenderme y una flores sobre un nuevo mueble de madera en cuyo salón convivo con proyectos, deudas y poemas. Tengo un nuevo libro en un viejo bolso robado y dos manos que se deslizan sobre el teclado. Frente a mí, hay un paisaje en lluvia que me acerca al mar y ayer recuperé las ganas de luchar. Tengo cincuenta años, unas botas marroquíes y unos vaqueros ajustados. Tengo amigos y enemigos, sueños y galletas londinenses sobre un microondas estropeado. Tengo la sensibilidad de disfrutar de Chopin en la banda sonora de un autobús de provincias. Tengo tanto que sólo he querido contarte este instante. A quién nunca tuve ni tendré; el amor no sabe de pertenencia sino de compartir en este momento efímero y casi perfecto de conciencia y agradecimiento.

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