Cuando los españoles ricos creen que sus derechos imaginarios están por encima de los derechos reales de los españoles pobres

por nidiosniamo
camarero
Quimi Portet, antiguo componente de El último de la fila (grupo cuyos discos compré en su día), volvía de dar un concierto en Formentera en un ferry de Balearia y pidió un café con leche en catalán. El camarero le contestó: «Mira, en gallego, español, francés, inglés y hasta en italiano te entiendo, en catalán o mallorquín, ya no».

Lo primero que me sorprende de la noticia es que Quimi Portet, que en su día se hizo rico con un grupo que cantaba en español y sonaba muy andaluz, crea que tiene derecho a que le atiendan en catalán incluso fuera de su pueblo. Claro que, probablemente, también esté firmemente convencido de que Formentera y el resto del archipiélago balear, incluso la comunidad valenciana, son provincias de Cataluña.

Lo segundo, y lo que me parece más grave, es que en lugar de pedir que viniera el encargado para quejarse del trato recibido, haber solicitado la hoja de reclamaciones o haber interpuesto una reclamación en la compañía, decidió tomarse la justicia por su mano. De modo que hizo una foto al camarero gallego y la subió a twitter con un comentario sobre lo que había sucedido.

Si yo hiciera eso, apenas lo verían un puñado de personas; pero Quimi Portet es un hombre famoso y tiene unos miles de seguidores, ergo su objetivo era el linchamiento público del camarero para escarnio del populacho (es decir, el resto de los españoles que no somos catalanes). Y eso fue lo que sucedió, hasta el punto de que Balearia dijo que se tomarían medidas contra el trabajador.

La cosa es que el español rico (y subvencionado), Quimi Portet, está equivocado: no existe el derecho a que te hablen en la lengua de tu pueblo cuando estás fuera de él. Aun así, subiéndose a lomos de ese derecho imaginario, violó el derecho a la imagen del trabajador y puede que, incluso, su derecho al honor; ambos recogidos en la legislación española que, le guste al  músico o no, son las que rigen en España. Los deseos, sueños o delirios de cada individuo están por debajo de las leyes, y no basta con desear mucho una cosa para que esta adquiera rango de ley.

Me he dado una vuelta por el perfil de Quimi Portet en twitter y, tal y como imaginaba, se considera a sí mismo una persona de izquierdas. Esto me lleva a reflexionar sobre ese desprecio que últimamente la gauche divine, ese sector de la izquierda que ha vivido, vive y vivirá mucho mejor que tú y que yo, sienten hacia la gente trabajadora que no vota lo que ellos quieren. Para ellos sólo somos ignorantes, gente cobarde que vota con miedo, culpables de que sus amados líderes no ganen las elecciones por goleada.

Creo que la anécdota del español rico que propicia el linchamiento (y, si pudiera, también el despido) del español pobre sólo porque no le habla igual que los camareros de su pueblo, ilustra a la perfección por qué muchos haremos todo cuanto esté en nuestra mano para evitar que esta gente tan empática y solidaria alcance el poder.

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4 respuestas a Cuando los españoles ricos creen que sus derechos imaginarios están por encima de los derechos reales de los españoles pobres

  1. La verdad es que se juntan el hambre y las ganas de comer. El camarero es muy tonto, trata mal al cliente, y cumple el arquetipo de Larra sobre los cocheros maleducados de su tiempo “…un tirano en sus dominios”. Y el otro, claro, es un hijoputa, eso no hay ni que decirlo.
    Iberismo al cuadrado.

  2. Marisol dijo:

    Sí, la respuesta del camarero no era la más educada (a saber si no lo dijo en tono festivo, por la cara, no lo parece). Por eso ni diosniamo habla de llamar al encargado, hojas de reclamaciones y demás, que es lo normal en esos casos. Lo de subir la foto a twitter (cuando sabes que te siguen miles de personas) es lo que da el nivel de hijoputismo.

  3. sisepuede dijo:

    no sabìa que este tío se presentara a las elecciones. Tontos hay en todas partes, nidiosniamo no dejes de votarnos por eso, hombre. Enga, a Parla

  4. Rick dijo:

    “derecho a que le atiendan en catalán incluso fuera de su pueblo…”

    ¿Qué tiene que ver el pueblo con todo esto? Los idiomas son una cosa, y la geografía es otra. El nacionalismo consiste precisamente en vincular inseparablemente ambas. En mi pueblo (si no soy un fascista) le hablo a la gente en lo que sea con tal de que nos entendamos. En mi pueblo puede vivir gente que no sea de mi pueblo, e incluso puede vivir gente que no se sienta sentimentalmente vinculada a mi pueblo. Mientras los dos tengamos el mismo pasaporte, el pueblo es tan mío como suyo.

    Hay por ahí un síndrome de culpabilidad soterrada en virtud del cual toda crítica del nacionalismo catalán tiene que ir acompañada de un ‘yo me siento catalán y español’. ¿Es que si no me siento catalán no puedo vivir en Cataluña con los mismos derechos que los demás españoles? Frente a una estrategia de ataque, los atacados oponemos una estrategia defensiva. Terminarán pisándonos el cuello.

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