Diarios neerlandeses, 42

por Claudio Molinari Dassatti

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Al subir nuevamente las escaleras, el azoramiento que se trasluce en nuestros rostros debe de ser patente porque el alemán peliblanco se acerca y nos ofrece más vino.

-¿Os gusta la exposición? –pregunta.
-Nos gustaron las cabezas de pájaros.
-El artista es un lituano muy joven.
-Nos dio la impresión de que eran varios artistas diferentes.
-En absoluto. Lo que el artista ha procurado realizar es una obra en la que el espectador pueda proyectar su propia imaginación.

Me quedo pensando. El arte moderno es genial, tanto como el concepto del restaurante de auto-servicio. Uno paga lo mismo que por comida de verdad, el menú tarda casi el mismo tiempo o más que en cualquier otro sitio y además uno mismo debe ir a buscarse la bandeja y después tirar uno mismo los desperdicios en la basura. “El artista ha procurado realizar una obra en la que el espectador pueda proyectar su propia imaginación”.

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