Improvisando con The Smiths

por Malvisol

De repente, leyendo los comentarios de los lectores en un artículo sobre música, alguien cita a The Smiths y me entra una imperiosa necesidad de volverlos a escuchar. ¿Dónde estaba la primera vez que los oí? ¿Cuántos años tenía? ¿Dieciocho, diecinueve? Puedo recordar el momento exacto y el lugar en que Bob Marley llegó a mi vida para quedarse –mis hijos saben que en mi funeral tiene que sonar el Soul Rebel– , yo tenía diecisiete y estaba en el pub del pueblo en el que mi familia pasaba los veranos y casi todos los fines de semana. Pero no sé cómo conocí a los Smiths.

Tal vez porque ellos no se asentaron en mi corazón como lo hecho el rey del reggae. En la época más devastadora de mi matrimonio, un amigo que fue el detonante -aunque no la causa- del posterior divorcio, se instaló en nuestra casa buscando refugio. Era amigo de los dos, pero siempre tuvo una conexión mucho más profunda conmigo que con él, que de vez en cuando le pedía que lo acompañara a hacer tal o cual cosa, supongo que para que no pasara tanto tiempo a solas conmigo.

Nuestro amigo pinchaba los fines de semana en un garito de Madrid, y desaparecía los jueves para regresar los domingos con dos kilos menos y ropa que había cogido del armario de la última mujer con la que hubiera dormido. Un viernes que nosotros dos salíamos para cenar con otra pareja como hacía la gente normal, quité el cedé que estaba puesto en el reproductor del coche y puse uno de Bob Marley. Mi marido lo quitó y lo arrojó en mi regazo con una mala leche que me cogió por sorpresa.

– ¡ Joder, es que hasta en eso sois almas gemelas!
– ¿Qué? –pregunté con santa inocencia sin comprender nada.
– Que él también me pone a Bob Marley en cuanto se sube al coche, ¡cojones!

Comprendí entonces que todos estábamos fingiendo: el intruso, que sólo buscaba una familia de acogida; yo, que no me moría por amarlo a él también; y mi marido, que no se daba cuenta de lo que estaba creciendo entre nosotros dos. A raíz de que dirigiera su rabia contra Bob Marley, comenzó a ver traiciones y cuernos –que nunca tuvieron lugar- en todas partes. Pero se negaba a que nuestro amigo se marchara de casa.

– Si se va, tú te irás detrás de él.

Se equivocaba, y mucho: acabé poniendo al otro en un tren que lo alejara de mí para siempre. Pero nuestro matrimonio ya estaba herido de muerte, y algún tiempo después fui yo quien se marchó de casa.

Sin embargo, cuando me he puesto a escribir no quería hablar de mi difunto exmarido, que recordaba exactamente dónde había oído por primera vez a los Police; sino de los Smiths, que llegaron a mi vida años antes de que él y yo nos conociéramos, cuando yo era una guapa jovencita que soñaba con ser escritora.

Soy incapaz de recordar dónde los oí por primera vez, no sé si llegaron de la mano de Tito, el mejor amigo de mi entonces novio Hugo, que protestaba cada vez que nos emperrábamos en poner una cinta de los Smiths en su Ford Fiesta rojo, pues él era más de Phil Collins. También pasaría Hugo, como han pasado todos los hombres de mi vida, y los Smiths me acompañaron mientras me arrancaba la pena escribiendo. Estuvieron arropándome cuando un par de años después rompí con Willy, y pusieron la banda sonora a mis viajes en autobús por Irlanda algún tiempo después, cuando ya era novia de quien, si hoy viviera, sería mi exmarido.

Él era más de rock y música garaje, y cuando nos casamos los Smiths fueron quedando poco a poco arrumbados. Catorce años después, por el aquel de la mala conciencia que siempre tiene el que pone fin a una relación, no me llevé un solo vinilo.

Y hoy, un comentario de un artículo sobre música me ha llevado a Youtube a buscar a los Smiths. Vuelvo a estar en Dublín en el segundo piso de un autobús, soñando que algún día escribiré sobre todo esto.

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4 respuestas a Improvisando con The Smiths

  1. el hombre en la sombra dijo:

    bue-ní-si-mo

  2. Hola Marisol! Caramba, caramba…
    Por alusiones, corro a responderte: no es imposible que en efecto fuera yo el que en aquellos locos años 80 te introdujera al melancólico universo del grupo de Morrissey. Si mal no recuerdo, oirías por primera vez la música del grupo en alguna de esas locas fiestas de verano que solíamos armar en mi casa: Póker, alcohol, porros y música a raudales… Ay… Como dice la canción, “Jóvenes, éramos tan jóvenes” (aunque esa no de los Smiths)…
    Muy seguramente el disco que oirías sería el vinilo de portada azulada “Hatful of Hollow”, el que contenía “This Charming Man”, “Heaven knows I’m Miserable Now” o las ocultas joyas del intimísimo épico “Please, Please, Please, Let me Get What I Want” o “Back To The Old House”, no aptas para nostálgicos con problemas cardíacos.
    Uffff…
    Extraño día para recordar esos días de esplendor en la hierba. Espero que te vaya bien o incluso mejor que bien.
    Muchos besos.

    • Marisol dijo:

      Me alegro de que la memoria no me haya fallado y que confirmes que fuiste tú quien trajo a los Smiths a mi vida. Aunque te ha fallado a ti un poquito: cuando yo os conocí no fumabais porros, esos debieron llegar después de que yo hiciera el petate😉

  3. Subido otra vez. A ver lo que dura…

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