La vida sin tabaco

por Marisol Oviaño
Ilustración de Laura Wätcher
viaje

La primera vez que paso por su consulta, me hace la ficha: enfermedades relevantes, operaciones quirúrgicas, alergias, hábitos de vida…Celebra que cuando llego a él ya lleve casi un mes sin fumar.

– Ya has pasado lo peor ¿Cómo lo llevas?
– Bien, apenas echo de menos el tabaco.
– ¿Profesión?
– Escritora –miento.

Era escritora hasta que dejé de fumar. Ahora soy alguien que no consigue hilar tres frases seguidas. Pero todavía no tenemos confianza, es pronto para contarle que el tabaco era bueno para el negocio. De modo que sigo a la enfermera para hacerme la espirometría y vuelvo a pasar por su consulta.

– Tú y yo vamos a ser grandes amigos –me dice cuando ve los resultados- . Menos mal que ya has dejado el tabaco. Ahora no ganes peso, y tienes que empezar a hacer ejercicio.

Dejar de fumar ha sido fácil.
Lo difícil va a ser acostumbrarme a esta desconocida en la que tengo que convertirme.

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3 respuestas a La vida sin tabaco

  1. Miguel dijo:

    Recuerdo que me asustaste subiendo aquella escalera de los ocupas, pitando y resoplando como un tren. Creo que tu misma te asustaste un poco. Y mírate ahora. Lo próximo, apuntarte “al paseo” de las mujeres al atardecer, que corren que se las pelan.
    Ánimo.

  2. Marisol dijo:

    Al paseo ya me apunté en verano, y la capacidad torácica mejoró bastante. Pero con el frío lo he dejado y ahora vuelvo a resoplar en las cuestas. Lo retomaré en primavera.

    Lo que no acabo de entender es por qué los médicos no plantean las cosas a las claras: “Mire, a partir de ahora usted tiene que ser otra persona”. Pero no, te lo plantean como si dejar de fumar fuera algo que no tuviera mayor trascendencia, como cambiar de marca de mermelada, por ejemplo.

    Yo ya sabía que suponía un cambio vital, y me lo he planteado como una nueva etapa. Quizá por eso no me está costando demasiado trabajo.

  3. Anónimo dijo:

    Así es la cosa Marisol, el tabaco nos ha acompañado tanto y de tal manera que de alguna manera nos ha suplantado, ha definido quiénes somos. Dejar de fumar es también la oportunidad de volver a encontrarnos, de viajar al interior y buscar quien somos sin esa muleta que se apropio de nuestra identidad, entender que la escritora está ahí escondida sin el escudo del cigarrillo. Un abrazo… vas muy bien

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