gente que me hubiera gustado conocer (2): jess franco (revisited)

Miguel Pérez de Lema

(Reproducimos la entrada publicada el 27 de agosto de 2009)
Cuando le dieron el Goya honorífico por toda su carrera me pareció que una ventana se abría y entraba una potente brisa fresca en el viciado cortijo del cine español.

Franco puede que sea el director de cine español, junto con Buñuel, con mayor pegada estética, con mayor talento visual -por delante, en esto, de otros dos grandes pintores del cine como Bigas Luna y Pedro Almodóvar-. Y además, con la genial humildad y la leal sabiduría de ponerse siempre al servicio de los géneros.

Franco es el oxímoron artístico. Un brillante en la basura y, al mismo tiempo, un borrón en cada página brillante. Siempre veremos algo valioso en su minuto más alimenticio y soez, y algo de malogrado en lo mejor de su cine. Algo de inacabado, de obra menor con destellos continuos de grandeza, de seguir adelante pesar de esto o de aquello, de imposibilidad de cuajar una obra maestra y al mismo tiempo hacer casi sublime lo más banal. Y de todo esto sale una forma peculiar de eterna juventud. Y una cosa muy española, si bien se mira, esto de sobreponerse a todo y seguir adelante, como contaba Ramón Gómez de la Serna -otro titán sin obra mayor- que había hecho toda su carrera literaria. A pesar de todo.

Me parece que para hacer cine de género hay, sobre todo, que conocer la mecánica de los géneros. Y creo que en el supuesto desprecio que demuestra el grueso del cine español actual por los géneros hay, sobre todo, un desconocimiento de esa mecánica. De esa, y de cualquier otra, me temo.

Creo que hay muchos jóvenes estudiosos y sensibles -esa juventud que se fija- que han empezado a ver en Franco un grito de libertad y de honradez. Siempre al servicio del género, siempre dependiendo de la taquilla o del popularísimo circuito del vídeo doméstico -tan mal comprendido y tan revelador de la verdadera sociología cultural de un país- Siempre trabajando para la buena gente que iba al cine a divertirse o se alquilaba un par de pelis de vampiras cachondas para pasar a gusto las tardes del fin de semana.

Y sin presumir nunca, nunca, de autoría como presumen ahora los que viven de la irreal justicia del dinero público haciendo películas tan abominablemente insípidas que ni siquiera se pueden estrenar.

Y sin embargo, para autor autor, y para producciones libérrimas, Jess Franco.

Tal vez, lo que ha ocurrido con Franco es que en un país con una cultura tan carpetovetónica, primero, tan de manual de BUP, luego, y finalmente tan de Ministerio de Cultura con pretensiones de catequismo para progres, no había mucho espacio mental para valorar el arte pop.

Disfrutar el arte pop es cosa de gentes que llevan al menos dos generaciones con bidé en cada piso. Y por eso parece que es sólo ahora cuando en España ha salido un grupo de chicos de enorme talento haciendo el repaso de la cultura de derribo española, que resulta que es riquísima. Y Franco para ellos es algo así como su Lope de Vega. Su santo y seña.

Sólo falta que le den un día el mismo Goya a Ozores, y entonces pensaré que estos chicos del cine han empezado a entender el meollo de su oficio. Aunque lo dudo mucho.

Y un recuerdo para su musa

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