Educación y libertad

por Marisol Oviaño

La libertad no se da: se gana.
La libertad lleva aparejada una responsabilidad para la que no todo el mundo está preparado. Y ni siquiera todos los que están preparados quieren ser libres. Algunos, legítimamente, prefieren quedarse bajo el paraguas de la seguridad.

Cuando damos la libertad de un adulto a un adolescente, estamos cargando sobre sus espaldas la responsabilidad de la vida adulta. Sin embargo, de un tiempo a esta parte se ha extendido la idea de que la libertad es algo que no tiene contrapartidas, y que la disciplina y la autoridad (en la familia y la escuela) son sustantivos carcas, fascistas incluso.

De ese modo la libertad, que antes era algo por lo que merecía la pena luchar y hasta morir, ha acabado transformándose en otro producto de consumo más. Y muchos padres se la regalan a sus hijos como quien regala un ipad. Pero por muy bonito que sea el envoltorio, la libertad sigue siendo algo que entraña numerosos peligros; y muchos adolescentes acaban cayendo bajo el peso de la responsabilidad que conlleva.

No siempre estaremos aquí para proteger a nuestros hijos. La autoridad y la disciplina son las herramientas de que disponemos para enseñarles a luchar. Que es el único camino que lleva a la libertad.

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