Esa extraña energía, 2

Fotografía en contexto original: twitvid

Estaba escrito.
Por mucho que yo me cubriera los ojos con gafas de sol o que fingiera que no verle, tarde o temprano acabaríamos cruzando unas palabras.
Siempre pensé que sería en la calle.

Pero hoy, mientras corregía el texto de una clienta, le he visto dirigirse hacia mi puerta y me he dicho a mí misma: No, no, no, no, no.

– Hola.
– Hola.
– Aquí antes vendían ordenadores ¿verdad? –ha preguntado muy serio.
– Sí, pero hace muchos años.
– ¿Sencillos?
– ¿Sencillos? ¿Los años o los ordenadores? –he dicho en tono de guasa.

Pero él no sonreía, él no estaba allí por capricho.

– Los ordenadores –ha afirmado muy interesado, circunspecto diría yo.
– Pues no sé, yo no vendía ordenadores -he contestado con la mejor de mis sonrisas.
– Ah, claro. Muchas gracias y buenos días.

Y con las mismas se ha dado la vuelta y ha seguido su paseo calle abajo.
Ya tenemos una excusa para saludarnos.

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