¿Cuántos años quieres vivir?

por Marisol Oviaño

Tofu, algas, infusiones depurativas… Algunos de los invitados a la fiesta de Eduardo hablaban de aquellos productos milagrosos con la fe de los conversos, y yo escuchaba en silencio disfrutando de mi whisky. Cuando saqué la bolsa del tabaco y empecé a liarme un pitillo, me miraron como si estuviera cometiendo sacrilegio, y me sentí obligada a explicar mi herética actitud:

– Yo es que soy más de morirme.

La carcajada fue general, y aquella frase ha pasado a formar parte de los chistes privados de la pandilla, pero yo lo decía completamente en serio. La longevidad no me atrae en absoluto. Prefiero morir joven de un cáncer de pulmón, que vivir hasta los noventa y cinco y pasar los últimos veinte años de mi vida contrayendo las más variadas dolencias (tensión alta, diabetes, sordera, ceguera, insuficiencia renal, roturas de cadera, …), dependiendo de los demás y amargando la existencia de mis hijos.

Los avances médicos propician que hoy cualquiera pueda vivir casi un siglo, y nos los venden como un gran éxito al que todos debemos aspirar. Pero resulta que esos avances son el resultado de una sociedad en las que hombres y mujeres trabajan, no hay nadie en las casas que pueda cuidar de esos parientes que ya no pintan nada y que, en su involución, vuelven a reclamar tanta atención como un recién nacido. Por eso existen las residencias de ancianos, ¿quién no ha soñado con morir en una de ellas?

En nuestro país se ha aprobado una ley por la que nadie debería jubilarse antes de los sesenta y siete, una edad en la que un alto porcentaje de la población todavía tiene padres que se niegan a morir: la cuarta edad. La gran perjudicada es la tercera edad, que hoy cargan con sus seniles padres, ayudan económicamente a sus hijos y cuidan de los nietos.

Así que, seguid buscando recetas de tofu en Internet, preparad las algas de diez maneras distintas y no olvidéis tomar las infusiones depurativas. Yo, por mi parte, dejaré tarde o temprano de fumar, para no asfixiarme cuando subo la compra por las escaleras. Pero el tabaco ya habrá hecho su trabajo, y se encargará de darme digna sepultura antes de que mis hijos recen cada noche para que la muerte me llegue pronto.

No nos veremos en el asilo.

Esta entrada fue publicada en General. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s