El default de cada día

por hijadecristalero
Fotografía en contexto original: ninthlink

Me quedaban 9 euros en el banco y 4 en la cartera.
Y hasta la semana que viene no ingresaré un chavo (si es que lo ingreso antes del viernes, que puede ser que la cosa se retrase hasta al lunes).

La nevera está casi vacía, el congelador tiene poca cosa.
Con los 4 euros, podía comprar un pollo entero en Día, Autoservicio Descuento. En casa lo partiría, haría dos litros de caldo con media carcasa (la otra media la congelaría), haría pechugas los filetes (que envueltos en bechamel cunden mucho y pueden dar para una comida y una cena), trocearía los muslos, los contramuslos y las alitas (que un día con patatas y otro con arroz, nos darían de comer dos días).

Y me quedaría sin un chavo: los cajeros automáticos no dan monedas, y las sucursales están cerradas los fines de semana.
¡Idea!
Compraría el pollo con la tarjeta. Así, además, podría echar a la cesta un par de latas de atún barato para la ensaladilla y una bolsa de aceitunas sin hueso.

Cuando he sacado la tarjeta para pagar, el búlgaro de la caja la ha mirado como si le estuviera dando el carnet del Real Madrid y luego me ha mirado significativamente. Me ve todos los días y da por hecho que me sé las normas de la casa.

– Sólo son cinco euros con veinte.
– Ya – he dicho tendiéndole la tarjeta otra vez.
– Es muy poco dinero –ha dicho mirándola otra vez a ella antes que a mí.

No recordaba que no aceptan tarjetas por un importe menor de ¿doce euros? Y detrás de mí se estaba formando una buena cola: todo el mundo está comprando antes de que suban el IVA.

– Pues tengo que dejar algo…
– Sólo son cinco euros con veinte.
– Ya. Pero es que sólo tengo cuatro. Me llevo el pollo y dejo todo lo demás.

El búlgaro ha suspirado. La mujer que había pasado antes que yo también había tenido que dejar unas cuantas cosas. He pagado el pollo con los últimos cuatro euros que me quedaban en la cartera.

Y cuando he salido con mi pollo, he pensado que yo siempre podré escapar: vivo de alquiler, mis hijos y yo estamos acostumbrados a buscarnos la vida, mi madre tiene una casa en el pueblo en la que podríamos refugiarnos, montar una huerta y tener gallinas.
Y, a fin de cuentas, soy escritora.
Y los escritores cuanto peor, mejor.
Casi me ha dado pena toda esa gente que estaba tomando cañas en las terrazas.

—-

Hijadecristalero es autora de Historia de un desclasamiento

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