Siempre nos quedará casablanca, 3: Deshaciendo la maleta

por Marisol Oviaño

Ayer, después de estar gran parte del día andando por Casablanca y participar en una intensa e interesante mesa redonda en el Instituto Cervantes, me acosté a las tantas de la madrugada.

Esta mañana un taxi nos recogió en el Hotel Yto a las once de la mañana y no he llegado a Torrelodones hasta las ocho de la tarde. Estoy rota, no doy más de mí. Pero la experiencia de Casablanca me ha inspirado tantas cosas, me ha planteado tantas preguntas y me ha enseñado tanto (hasta lecciones de humildad), que no quiero irme a la cama sin dar las gracias a los inquietos y entusiastas alumnos del Instituto Cervantes de Casablanca, a Laura y sus amigos, a todas las personas con las que nos hemos relacionado estos días y a mi compañera de mesa redonda, mantel y aventuras, Luna Miguel.

Ni sin contaros que, en el brevísimo tiempo que he estado en Marruecos, he pensado en que siempre hablamos de las dos Españas, como si eso fuera algo que nos definiera. Pero sospecho que hay dos Marruecos (no sé ve muy bien, pero el hombre de la derecha lleva auriculares conectados a su ipod), dos Francias, dos Alemanias, dos Rusias, dos Estados Unidos…

Me voy a dormir, que si sigo voy a acabar en el ying y el yang y hoy no tengo cabeza para profundidades.

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