predicar con el ejemplo

por Marisol Oviaño
Fotografía en contexto original:taringa

Predicar con el ejemplo no es suficiente.
El ejemplo de tus padres es un referente cuando eres adulto y vuelas solo.
Pero cuando andas todavía en la adolescencia, esa época en la que creemos que somos mucho más listos que nuestros mayores, lo único que te importa es tu pequeño mundito: el instituto o la facultad, tus salidas con los amigos y tus entretenimientos virtuales. Y, mientras nada de eso falle, la vida será una fiesta.

Desde mi punto de vista, uno de los grandes problemas de nuestra sociedad es la adolescentización masiva que han conseguido años de vida muelle, de sobreprotección y de satisfacciones tan inmediatas como caras y absurdas. Conozco a mucha gente de mi generación que no ha sido capaz de superar el gran descubrimiento de que la vida no siempre es como uno quisiera que fuera, sino como es. Creo que los psicólogos lo llaman intolerancia a la frustración.

Para nuestros padres casi todo fue una conquista. Incluso el primer polvo. Para nosotros todo fue muy fácil: educación pública y gratuita, sexo y juergas a discreción, trabajos molones y bien pagados… Y ahora, de repente, nos encontramos en una gran crisis que puede devolvernos a la casilla de salida sin dinero, sin apenas capacidad de adaptación y con hijos a nuestro cargo.

Hijos que tienen que entender que la fiesta se ha acabado y que todos tienen que arrimar el hombro. Y no siempre basta con explicárselo. Son demasiado jóvenes para asimilar que la crisis también los arrastra a ellos. A nadie le gusta escuchar malas noticias, y probablemente la reacción del cachorro sea ignorar lo que ha escuchado y seguir a lo suyo.
En estos casos, predicar con el ejemplo trabajando de sol a sol no sirve de mucho.

Y entonces sólo puedes sacar el odioso látigo de tu verbo para obligarlos a mirar de frente a la realidad.
No es un trabajo agradable, incluso puede que te odies a ti mismo cuando te oigas gritar como un sargento chusquero –gritarás aunque te hubieras prometido a ti mismo hablar en un tono moderado: los adolescentes son únicos sacando de quicio a una persona adulta-. Pero si tu hijo no es imbécil, comprenderá que esas broncas sólo son parte del entrenamiento, del duro aprendizaje de la vida, y probablemente se ponga en marcha.

Y quizá mañana, cuando vuele solo y esté perdido , el ejemplo que hoy le das será la referencia que lo salve en la tormenta.

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