Sangre caliente

por Marisol Oviaño

En el cuartito del fondo, a pesar del Adagio for Strings que tengo puesto, oigo a mi hija leer en voz alta y me embarga una emoción de felicidad temblona que debe ser eso que llaman maternidad.

Tendré que ir pensando en encender el fuego.
Tengo las manos frías, me cuesta liar el cigarrillo.
El frío y el tabaco de liar deben darme una estampa muy literaria.

Tengo poca leña, y pocas ganas de salir a la terraza a tiritar mientras cojo los troncos.
Pero disfrutaré tanto cuando me siente frente a la chimenea y prenda fuego primero a un palito en el que apoyaré, otro, y otro un poco más grande, y después el primer leño… – ni papel ni pastillas de encendido, nada de trucos- Seré tan feliz cuando el fuego comience a iluminar mi rostro y calentar mis pies…

De repente, me doy cuenta de que tengo ganas de follar.

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