Ser madre (1)

Por Marisol Oviaño

Mis hijos, que sufren del desamor de un padre loco, se vuelcan en sus primillas pequeñas como si fueran conscientes de que su amor será un puntal más en el que apoyarse cuando crezcan.

Y, sin que nadie se lo haya indicado, cumplen los roles tradicionales como si siguieran un manual.  Él se encarga de entretener a la prima mayor (que tiene dos años) y apenas mira al bebé . Mi hija se encarga de la más pequeña: la arrulla, le canta, le da comer, la protege… Hace cierto el dicho de que todas las mujeres llevamos una madre dentro.

También ella fue un bebé. Un bebé al que había que manejar con cuidado para no desconectarla de las máquinas que la mantenían con vida. Un bebé que aprendió muy pronto que el amor sana.

Cuando la veo arrullar a la chiquitina, cuando veo a mi hijo ayudar a su otra prima a salvar un escalón, tengo la esperanza de haber conseguido enseñarles lo más importante.

Esta entrada fue publicada en Familia, General, Lecciones de la vida, ser madre. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s