¿Dónde está el feminismo cuando Europa lo necesita?

por Marisol Oviaño

sumisión de la mujer

Europa está siendo atacada por dos ideologías a cual más dañina: el islam, que está por encima de las leyes de los hombres, y la ideología de género, que ídem.

Mientras en nuestras calles hay cada día más mujeres con velo, las feministas de cabecera, esas que viven de nuestros impuestos, no tienen tiempo de darse cuenta porque están muy ocupadas en su guerra contra la biología (tener un aparato reproductor femenino o masculino es sólo una cuestión cultural que nos ha impuesto el heteropatriarcado), inventando chorradas como los “micromachismos” y castrando la poca virilidad que le quede a nuestros hombres.

Mientras en nuestras calles mueren a diario pacíficos ciudadanos al grito de Allahu Akbar, los grandes medios de comunicación insisten en su cruzada contra el hombre y lanzan campañas en las que se recuerda a nuestras adolescentes que si su novio -también adolescente y empanao- se mosquea porque salga con otro amigo, es violencia de género. Pero jamás he oído que digan: si tu familia te obliga a ponerte el velo, si tu familia no quiere que aprendas a leer y escribir, si tu familia no te deja que salgas sola a la calle, si tu familia te obliga a dejar el instituto para ayudar en casa, si tu familia concierta tu matrimonio, si tu familia te obliga a ir tres pasos por detrás de tu marido, es violencia de género: denúncialo.

Con todo lo que nos gastamos en asesores, observatorios de igualdad de género y otras zarandajas, nadie parece haberse dado cuenta de que una de las principales razones por las que los musulmanes no se integran, es porque la mayoría de sus mujeres se quedan en casa pariendo como conejas. Ellas tienen más y más hijos, y los occidentales, que como mucho podemos permitirnos uno o dos hijos, sufragamos con nuestros impuestos ayudas sociales, becas de comedor, becas de libros, sanidad, pisos de protección oficial… Todo lo que haga falta para conseguir que se integren.

Sin embargo, lo poco que se haya conseguido con la educación pública, sufrirá una involución cuando a la hija le venga la regla y la saquen del instituto para que ayude en casa y aprenda a ser una buena esposa musulmana. Incluso tal vez concierten su boda con un hombre que está esperando en su país un matrimonio que le proporcione papeles para estar aquí y una mujer que sea su esclava. Al hijo le dejaran salir un poco más, incluso tener relaciones sexuales con jóvenes infieles, pero también el acabará casándose con la prima del pueblo, que es analfabeta.

Y esa pobre analfabeta llegará a Europa sin conocer a nadie, e inmediatamente caerá en las redes de la suegra que, en el mejor de los casos, chapurreará el idioma en el que los infieles hemos educado sus hijos. Y la suegra y todas sus amigas vigilarán de cerca que la recién llegada sea una buena esposa musulmana. De ese modo perpetuarán en tierra europea las costumbres que han impedido a sus países de origen subirse al tren de la modernidad, la igualdad de sexos, la democracia y la separación entre religión y Estado.

Hay mujeres musulmanas que quieren integrarse, que aprenden el idioma de acogida, que aprenden a leer y escribir, que quieren tener un trabajo, prosperar, integrarse. Pero la integración es difícil cuando eso supone enfrentarte a tu entorno más cercano y cuando ni siquiera las feministas más recalcitrantes reparan en ti. Sin embargo, es a ellas a quienes tenemos que apoyar si queremos que sus hijos dejen de matarnos.

Y como parece que los políticos europeos no saben cómo atajar el problema que tenemos en la entrañas de Europa, ahí van una serie de medidas que habría que implantar con carácter de urgencia:

– Supeditar las ayudas sociales a que las mujeres musulmanas asistan a clases de alfabetización, de español. de derechos de la mujer y de control de la natalidad.
– Limitar las ayudas sociales a musulmanes a un número determinado de hijos (si tienes más de dos, será porque te lo puedes permitir)
– Retirar toda ayuda social a quienes a quienes sacan a sus hijas del instituto en cuanto les viene la regla
– Becar a las alumnas más brillantes para que estudien en la universidad

En resumen, que Europa deje de ser un paraíso para el musulmán medieval.

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Borrell vs Junqueras

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Sehnsucht

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Miguel Pérez de Lema

Del renacimiento al barroco, o más ampliamente, del clasicismo al romanticismo. En el movimiento pendular de la historia, tras el paréntesis de la nada posmoderna, hemos terminado el impulso racional y vamos adentrándonos, de forma uniformemente acelerada en el territorio de lo mítico, lo espiritual y lo impredecible.

Lo cual que vuelve el romanticismo.

En español no tenemos una palabra como la alemana “sehnsucht”. Ni la gallega “morriña” ni la pessoana “saudade” son suficientes, ni por supuesto nuestra escueta “nostalgia” ni la desprestigiada “melancolía”. El “sehnsucht” se suele explicar como “la nostalgia de lo no vivido”. Aunque es algo más porque implica deseo. Viene a ser la sensación de tristeza por el deseo insatisfecho de no haber conocido algo lejano, un sentimiento imposible de satisfacer porque el objeto de deseo ya no existe o incluso más a menudo porque nunca existió y es un espacio ideal en el que el deseante sitúa aquello que añora, o que cree añorar pues en realidad nunca lo tuvo ni lo perdió.

Cuando Houellebecq cierra su novela “Sumisión” afirmando que el protagonista, tras convertirse al islam: “no extrañaría nada”, está concluyendo un proceso romántico de “vuelta a los orígenes”. Su protagonista, desencacajado en la agonía final de Occidente, no tiene nada real que echar de menos del mundo que termina y detesta. Y cree encontrar en los valores tradicionales musulmanes un consuelo a su pérdida de sentido de la vida, recuperando “algo similar a lo que tuvo su padre” en la primera mitad del siglo XX. Una suma de ilusiones románticas que solo pueden lleva a una desilusión mayor.

El protagonista, a lo largo de la novela, experimenta el “sehnsucht” por el cristianismo, e incluso ingresa en un monasterio, pero concluye que ese deseo es inalcanzable. El cristianismo no puede volver y en su lugar se impone una versión más joven y fértil, con voluntad de poder. Por supuesto la novela es una provocación y no hay nada de proselitismo islamista en ella. Es sólo la última bala de todo el cargador que H. ha venido vaciando sobre Europa, su último aviso, porque como todo cínico en el fondo aun espera una reacción aunque se empeña en demostrar que es imposible.

Una de las falacias más extendidas de nuestro tiempo es la idea de la aceleración histórica. Si miramos de cerca las cosas, nuestro tiempo no va tan rápido como nos dicen, a no ser que creamos que el paso de iPhone de su versión 2 a la 3, o de la 4 a 5, son hitos históricos como la caída de Constantinopla. No, nuestro tiempo, el tiempo del fin de Occidente, es sensiblemente más corto que los mil años de la Edad Media pero también es un proceso bastante largo. De la montaña incomprensible de Heidegger sólo he sacado la conclusión de que al genio le preocupaba esta pérdida del sentido de la vida, de “la cosa”, y se remontaba a la época de su abuelo tonelero en el S. XVIII, que suponía era más o menos “cuando se jodió el Perú”. En algún momento, parece entenderse en “Ser y tiempo”, las personas de Europa dejaron de ser un todo único y armónico con su ser y su entorno, empezaron a conocer algo más que su aldea, y nació el vértigo de la posibilidad -y más tarde la obligación moral- de elegir su individualidad en un supermercado inabarcable de experiencias, simulacros, novedades, conquistas y decepciones.

Aquí y ahora. Estamos atrapados y no tenemos un plan de fuga. No tenemos ni talento, ni imaginación para idear el siguiente escenario, mientras vemos que este se está cayendo a pedazos. Ese es quizá el único consenso de nuestra época. En este punto, no es extraño que resurja con fuerza la nostalgia de lo no vivido, el escape imaginario hacia tiempos idealmente mejores y espacios legendarios, cuando todo, imaginariamente, estaba en orden.

El pasado nacional, mítico,  se ofrece como un consuelo en todos los países de Europa, reforzado, como en H., con una vaga idea de cristianismo continental. En todos los países, menos en España. Tan cruel es nuestra historia que ni eso tenemos. Si H. utiliza en su novela el ejemplo del escritor Huysmans en busca de un pasado de redención y epifanía -aunque acaba descartándolo-, aquí releemos a Menéndez Pelayo y nos produce risa, si bien es muy posible que tuviera razón con aquello de  “España, evangelizadora de la mitad del orbe; España, martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio…; ésa es nuestra grandeza y nuestra unidad; no tenemos otra. El día en que acabe de perderse, España volverá al cantonalismo de los arévacos y de los vetones o de los reyes de taifas”. Pero no es nostalgia sino pura ironía posmoderna lo que nos produce.

Estamos, por nuestro atraso histórico, demasiado cerca del catolicismo como para tener nostalgia de él. Y con él, de la vuelta al nacionalismo, del que ha ido de la mano hasta hace muy poco tiempo, y con el que sigue asociado cada vez más vagamente, con más pudor, como representaciones fantasmales de dos fuerzas condenadas a diluirse, sin verdadero aliento vital.

El nacionalismo y el catolicismo -cierta forma de nacionalcatolicismo- es para nosotros un pasado tan real, cercano, tan lleno de referentes concretos, que no sirve para trabar mito idealizable. Nuestra situación, por tanto, es peor, más desesperada que la europea y quizá, por nuestra historia contemporánea, nuestra nostalgia fingida se refugia hoy en lo que no fue, en el ideal republicano fracasado en sus primeros balbuceos y hasta en el comunismo, que por suerte no conocimos. Justo cuando Occidente parece estar al final de ese camino, aquí hay quien quiere descubrirlo. Siempre seremos diferentes.

Europa está empezando, desde los márgenes más grotescos de Internet, pero con creciente popularidad a explorar la nostalgia del no vivido cristianismo medieval. Un loco como Breivik no es cualquier loco sino un loco romántico europeo que encarna la locura concreta del momento concreto, y su referente ideal, su”sehnsucht”, es la Edad Media cristiana resistente a la invasión y a la decadencia moral. Una versión ultraviolenta y sin el dinero ni el buen gusto del bueno de Luis II de Baviera, que en el salón del trono de su castillo demente de Neuschwanstein, dedicado a los mitos románticos sobre la Edad Media de Wagner, hizo pintar un gran fresco con los principales reyes cristianos en batalla contra los musulmanes. Como nota curiosa podemos decir que Fernando el Católico está situado en el centro de esa escena, pero eso no nos sirve de nada. Fernando el Católico era un facha.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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¿Por qué es tan duro ser mujer en el S XXI? (VIII): Ni periscope ni hostias

Miguel Pérez de Lema

Intentando entrar en la lógica contemporánea y sintiendo afinidad generacional por esta buena señora, no hallamos consuelo. No hay nada que hacer, todo está perdido. La cosas son así y la inercia del medio es infinitamente más fuerte que los brotes de indignación. Por tanto, si a las chicas les divierte ver unas pollas aleatorias ¿quién es la madre para entrometerse? ¿Qué va a conseguir?

¿Para qué tanto sufrimiento?

La chicas, tras un rato de disgusto, jotía, volverán a su carrusel de pollas, los chicos dejarán comentarios a favor de la tribu juvenil y carcajadas en versales JAJAJAJAJAJAJAHAJAJA. Y el mundo seguirá descomponiéndose.

Como terapia de choque, tal vez, podríamos imaginar a una madre que coge, va, se pone y dice, “anda chiqui dame eso, que yo también quiero verlo”. La madre se sentaría entre las adolescentes mirando a la cámara y su imagen vergonzante para las adolescentes saldría en el Periscope, jotía, mientras comparte con ellas una buena sesión de visionado de pollas aleatorias en familia. Quizá las muchachas sentirían un mal rollo que lo flipas, tía, quizá sintiesen por un momento la existencia de la raya entre el bien y el mal, quizá la psicología inversa ganase una de sus últimas batallas. Aunque lo dudamos.

 

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Escohotado

Un rato de charla con uno de los mayores pensadores españoles.

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¿Por qué es tan duro ser mujer en el S XXI? (VII) Jennifer says

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Jennifer Aniston Says:

Sobre por qué las mujeres no estarán incompletas si deciden no ser madres:

“Durante el último mes se han gastado una cantidad desproporcionada de recursos en la prensa intentando descubrir si estoy o no embarazada (por millonésima vez… pero quién cuenta ya). Todo esto apunta a la perpetuación de esa noción en la que una mujer es una especie de ser incompleto, fracasado o infeliz si no está casada y con hijos. […] Lo que quiero decir es esto: “Estamos completas con o sin pareja, con o sin hijos. Tenemos que decidir por nosotras mismas lo que es la belleza respecto a nuestros cuerpos. Esa una decisión que nos atañe únicamente a nosotras. Tomemos esa decisión por nosotras mismas y por las mújeres jovenes de este mundo que nos ven como ejemplos. Tomémosla de forma consciente, alejadas del ruido de los tabloides. No necesitamos estar casadas o ser madres para sentirnos completas. Nosotras determinamos nuestro propio ‘y vivió feliz para siempre’.”

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Sobre la sufrida presión social de verse obligada a convertirse en madre:

“Sí, puede que algún día me convierta en madre, y si lo hago, seré la primera en hacéroslo saber. Pero no persigo la maternidad porque me sienta incompleta de alguna manera, algo que la cultura de las noticias de celebrities quiere hacernos creer. Me niego a sentir que  ‘valgo menos’ porque mi cuerpo cambie de forma, me haya comido una hamburguesa o sea fotografiada desde un ángulo estrambótico que lleve a dos conclusiones o ‘embarazada’ o ‘gorda’. Por no mencionar lo incómodo que es cuando te felicitan amigos, compañeros de trabajo y extraños por una supuesto y ficticio embarazo (lo que me suele pasar una docena de veces al día)”.

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Sobre por qué no hay que tomarse a la ligera a los tabloides:

“¿Está embarazada? ¿Está comiendo demasiado? ¿Se ha echado a perder? ¿Está su matrimonio a la deriva porque las cámaras han detectado una ‘imperfección’ física? Solía decirme a mí misma que los tabloides eran como unos cómics, que no me los tenía que tomar en serio, sólo eran un culebrón a seguir para distraerse, pero no me lo puedo decir más porque he sufrido de primera mano el acoso y cosificación de estos medios durante décadas y reflejan la visión deformada de cómo calculamos la valía de una mujer. […] Tenemos que decidir qué compramos, y puede que algún día los tabloides estarán forzados a ver el mundo desde una perspectiva diferente, con una visión más humanizada en la que los consumidores hayan dejado de comprar esta mierda”.

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Sobre la visión de las mujeres en los medios:

“El escrutinio y cosificación que ponemos sobre las mujeres es absurdo y perturbador. La manera en la que me retratan los medios es sólo un reflejo de cómo vemos y representamos a las mujeres en general, midiéndolas continuamente contra un estándar de belleza deformada”.

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Sobre la imposición de la delgadez a la que las mujeres se ven sometidas desde que son niñas:

“El mensaje de que las niñas no serán guapas a no ser que estén increíblemente delgadas, de que no merecen nuestra atención a menos que sean una supermodelo o una actriz en la portada de una revista es un mensaje que todos compramos. Este condicionante es algo que arrastran las niñas hasta su madurez. Usamos las noticias de celebrities para perpetuar este sistema que deshumaniza la visión de las mujeres, centrándose únicamente en su apariencia”.

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El Moleenbeck castizo

Miguel Pérez de Lema

Para conocer este Madrid hay que bajar a Lavapiés.

Tiene su rollo este ensayo de aluvión global (vecinos de 80 nacionalidades), sobrepuesto a las últimas ancianitas castizas, al que se suma ese otro aluvión de clichés culturales ibéricos en forma de jóvenes inmigrantes de la provincia cruel que se despendolan cuando llegan a la capital con-su-maleta-llena-de-ilusiones, y que parecen un casting de un anuncio de Podemos. Siempre hemos pensado que están sobreactuados, como un niño eufórico el primer cuarto de hora en un parque de atracciones,  pero cualquiera coge, va y se lo comenta.

La Plaza de Tirso de Molina y la de Lavapiés son el Serengeti madrileño, y hay que frotarse por sus esquinas, poner la oreja y tratar de hacerse una idea de lo que allí se cuece. Los domingos, Tirso es tomado por los tenderetes anticapitalistas que venden parafernalia rancia y ahora extrañamente de moda, entre los que destaca el veterano puesto que enarbola una gran bandera del partido del Grapo. No está uno más a favor o en contra de esto de lo que puedan estar nuestras autoridades y FF y CC de Seguridad del Estado, ni piensa tomar más iniciativa que ellos al respective.

El resto de la semana, Tirso es una corte de los milagros en versión distópica. A un lado del Metro, los yonkis, al otro los ciudadanos subsaharianos que escapan de la superpoblación de sus pisos patera, en un ambiente tenso que todos relajan dándose unos tragos de cerveza caliente que compran en el Lidl de enfrente. Una hora detrás de otra, un día sí y otro también. El sueño español, para muchos, acaba aquí, esperando un golpe de suerte.

La Plaza de Lavapiés es más familiar pero también un poco inquietante. Como una pequeña ONU, en los bancos que la rodean se forman grupitos étnicos de tres, cinco, seis personas, cerrados y compactos, que jamás se entrecruzan una palabra. Conviven en paralelo, con un pacto implícito de no agresión, que puede ser a ratos una forma de armonía, todo hay que decirlo. Y además siempre hay niños alrededor, que es algo noticioso en sí mismo en este Madrid post humano, y esa es quizá una nota de esperanza porque los niños sí se juntan en cuanto se separan de sus clanes, comparten colegio y son un poco una auténtica nación universal fiel a su propia infancia. Ya veremos si la cosa se tuerce, y en qué medida. Esa es la verdadera clave de este posible Moleenbeck castizo. Si estos niños superan el gueto y al infra educación pública que hay en el barrio (quien lo probó lo sabe) y se incorporan en igualdad de condiciones a la vida adulta o si son carne de cañón para las freidoras de macnaguets, los gangs, y los populismos de la próxima década.

Veremos a ver.

 

 

 

 

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Cuando los españoles ricos creen que sus derechos imaginarios están por encima de los derechos reales de los españoles pobres

por nidiosniamo
camarero
Quimi Portet, antiguo componente de El último de la fila (grupo cuyos discos compré en su día), volvía de dar un concierto en Formentera en un ferry de Balearia y pidió un café con leche en catalán. El camarero le contestó: «Mira, en gallego, español, francés, inglés y hasta en italiano te entiendo, en catalán o mallorquín, ya no».

Lo primero que me sorprende de la noticia es que Quimi Portet, que en su día se hizo rico con un grupo que cantaba en español y sonaba muy andaluz, crea que tiene derecho a que le atiendan en catalán incluso fuera de su pueblo. Claro que, probablemente, también esté firmemente convencido de que Formentera y el resto del archipiélago balear, incluso la comunidad valenciana, son provincias de Cataluña.

Lo segundo, y lo que me parece más grave, es que en lugar de pedir que viniera el encargado para quejarse del trato recibido, haber solicitado la hoja de reclamaciones o haber interpuesto una reclamación en la compañía, decidió tomarse la justicia por su mano. De modo que hizo una foto al camarero gallego y la subió a twitter con un comentario sobre lo que había sucedido.

Si yo hiciera eso, apenas lo verían un puñado de personas; pero Quimi Portet es un hombre famoso y tiene unos miles de seguidores, ergo su objetivo era el linchamiento público del camarero para escarnio del populacho (es decir, el resto de los españoles que no somos catalanes). Y eso fue lo que sucedió, hasta el punto de que Balearia dijo que se tomarían medidas contra el trabajador.

La cosa es que el español rico (y subvencionado), Quimi Portet, está equivocado: no existe el derecho a que te hablen en la lengua de tu pueblo cuando estás fuera de él. Aun así, subiéndose a lomos de ese derecho imaginario, violó el derecho a la imagen del trabajador y puede que, incluso, su derecho al honor; ambos recogidos en la legislación española que, le guste al  músico o no, son las que rigen en España. Los deseos, sueños o delirios de cada individuo están por debajo de las leyes, y no basta con desear mucho una cosa para que esta adquiera rango de ley.

Me he dado una vuelta por el perfil de Quimi Portet en twitter y, tal y como imaginaba, se considera a sí mismo una persona de izquierdas. Esto me lleva a reflexionar sobre ese desprecio que últimamente la gauche divine, ese sector de la izquierda que ha vivido, vive y vivirá mucho mejor que tú y que yo, sienten hacia la gente trabajadora que no vota lo que ellos quieren. Para ellos sólo somos ignorantes, gente cobarde que vota con miedo, culpables de que sus amados líderes no ganen las elecciones por goleada.

Creo que la anécdota del español rico que propicia el linchamiento (y, si pudiera, también el despido) del español pobre sólo porque no le habla igual que los camareros de su pueblo, ilustra a la perfección por qué muchos haremos todo cuanto esté en nuestra mano para evitar que esta gente tan empática y solidaria alcance el poder.

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¿Por qué es tan duro ser mujer en el S XXI? (VI) Hirsutismo Pride

Miguel Pérez de Lema

Si el sueño de la razón producía monstruos, parece que la lógica del feminismo produce pelo. Ni a favor ni en contra de estas criaturas hirsutas, aquí sólo dejamos constancia del proceso. Del paisaje de este camino que ahora se adentra en la espesura capilar.

Hay que escuchar, aunque sea por encima, las razones de este tipo de alegatos porque son coherentes, y consecuentes con su propio recorrido.

¿Qué será lo siguiente?

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Aprende a escribir un relato en 4 sesiones (taller exprés de escritura creativa)

Fotografía en contexto original: authordylanhearn

aprende a escribir un relato en 4 sesiones

¿Te apetecería apuntarte a un taller de escritura creativa, pero no ves el momento de hacerlo?
¿Llevas tiempo escribiendo y te gustaría probar qué se aprende en un taller de escritura?
¿Tienes ganas de escribir pero no sabes por dónde empezar?

Si te ves reflejado en alguna de estas preguntas, ahora tienes la oportunidad de probar un taller exprés de escritura creativa.

Objetivos del taller
• Comprender las fases del proceso creativo
• Elegir la estructura, el narrador y el punto de vista que más convenga a tu historia
• Llevar las ideas al papel y construir un relato con ellas

Cuándo: 11, 12, 13 y 14 de julio.
Horario: de 20:00 a 22:00
Profesora: Marisol Oviaño García
Precio: 100€. Si te inscribes antes del 20 de junio, 80€ curso completo.
Dónde:

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