Puteros y mujeres en situación de prostitución

por Marisol Oviaño

neolengua

Yo creía que la misión de un Ayuntamiento era tener limpias las calles, arreglar los baches, cuidar los parques y jardines, ordenar el tráfico… facilitar, en suma, la vida de sus ciudadanos. Pero según parece, Madrid está limpísimo, ya no hay atascos, no quedan baches por tapar ni problemas que solucionar. Así que el Ayuntamiento ha sacado una guía de neolengua para periodistas.

He estado echando un ojo a la Guía de recursos para periodistas y no salgo de mi asombro. Todo se desencadena a partir de una cita:
“Las cosas no son como son, son como las cuentas y las cuentas como las ves”.
Dicho así queda muy cool, porque parece que están defendiendo la libertad de la prensa.
Pero no, no van por ahí los tiros.
Para empezar, han extraído la cita de algo que apesta a pensamiento teledirigido: el Manual de Género para Periodistas. Y ahí es donde he comenzado a sospechar, del mismo modo que sospecharía de algo que se llamara “Manual de machismo para periodistas”, “Manual de capitalismo para periodistas”, etc.

Aun así, todavía tenía una tibia esperanza de que el propósito de esta guía fuera informar a los periodistas de la situación del negocio de la prostitución en Madrid, para que tuvieran material del que partir.
Pero no, los tiros no van por ahí.
El objetivo no es informar, sino explicar a los periodistas que se equivocan incluso cuando hacen fotos. Que las cosas no son como ellos las ven, sino como las dicta la Consejería de Neorealidad. Así, cuando un periodista vea una “prostituta”, debe escribir que hay una “mujer en situación de prostitución”. Y donde un periodista vea un “cliente”, hay un “putero”. Lo cual no deja de ser un sinsentido lingüístico: si no hay putas, ¿cómo va a haber puteros?

Si os estabais preguntando para qué sirven los Grados de Género que se imparten en algunas universidades, ahora ya lo sabéis: para que quienes se matriculen en ellos vivan holgadamente de nuestros impuestos imponiéndonos su neolengua y su neorealidad.

A mí, como a Orwell, me da mucho miedo el totalitarismo, que siempre va acompañado de una redefinición de la realidad. A poco observadores que seáis, os habréis dado cuenta de que la dictadura de la corrección política cambia una palabra que todo el mundo entiende, por palabras mucho más largas, e incluso por sartas de palabros. Empezamos llamando “afroamericanos” a los negros, antes los soldados volvían jodidos de las guerras y ahora nos dicen que “sufren el síndrome del estrés postraumático”, y la última moda ha sido sustituir la palabra “discapacitado” por “persona con capacidades especiales”.

Pero la neolengua de la ideología de género es particularmente dañina. Y no sólo porque ahora veamos cómo la gente se hace la picha un lío diciendo “todos y todas”, “ciudadanos y ciudadanas”, “dirigentes y dirigentas”, “periodistas y periodistos”; eso resulta hasta divertido. El problema de fondo es que convierte al hombre en un criminal sólo por haber nacido hombre, y no pararán hasta que esto sea una verdad oficial; según nos informa El Mundo, en la Universidad de Princenton se ha publicado una «guía de lenguaje inclusivo de género» en el que se recomienda sustituir la palabra “hombre” por “ser humano” o “persona”. Y todo ello responde a la absurda teoría de que las diferencias biológicas entre hombres y mujeres no son tal, sino una imposición cultural del heteropatriarcado.

Y las mujeres deberíamos ser las primeras en rebelarnos contra las imposiciones de la ideología de género, porque nuestro enemigo no es nuestro padre, ni nuestro hermano, ni nuestro marido, ni nuestro hijo. Nuestro enemigo es una ideología que tiene como objetivo la destrucción de la familia, derribar nuestro último refugio y dejarnos, al fin, inermes frente al poder.

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Curso de comprensión lectora y redacción eficaz para adolescentes

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¿Tiene tu hijo problemas de comprensión lectora y le cuesta redactar?

Muchos de nuestros adolescentes tienen verdaderas dificultades para entender lo que leen, se desaniman en cuanto tienen que enfrentarse a un texto de más de diez líneas y no saben distinguir una idea principal de la información accesoria.

Y a quien tiene problemas de comprensión lectora le resultará sumamente difícil superar con éxito exámenes y trabajos académicos, pues quien no entiende lo que lee, no puede estructurar un texto ni desarrollar una idea con eficacia.

En nuestro Curso de comprensión lectora y redacción eficaz aprenderán a comprender lo que leen, a estructurar un texto, a desarrollar una idea, a sintetizar conceptos y a escribir de manera eficaz.

Alumnos
Adolescentes de entre 13 y 17 añlos
Horario
Lunes de 18:00 a 20:00
(Comienza el 3 de octubre)
Precio:
Si pagas por mes, 80€
Si pagas por trimestres:200€ (100€ el primer mes, 100€ el segundo y nada el tercero)

Dónde

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¿Por qué es tan duro ser mujer en el S. XXI? (X): Christina H. Sommers

A continuación, reproducimos por su excepcional interés, la entrevista de El Mundo con la filósofa crítica con el feminismo contemporáneo, Christina H. Sommers.

http://www.elmundo.es/cronica/2016/09/17/57d79cb1268e3e94358b4638.html

 

Esta académica y filósofa se ha empeñado en los últimos años en explicar por qué el feminismo se ha convertido en una palabra que disgusta a muchas mujeres, cuando en principio todas deberían estar a favor de un movimiento que nació para conseguir la igualdad de derechos y oportunidades para ellas. Después de formarse en algunos de los centros académicos más progresistas del país, ahora critica el pensamiento único que existe en los departamentos de estudios de género en los campus universitarios por lo que se ha convertido en persona non grata en muchos de ellos. A principio de siglo, empezó a preocuparse por el fracaso académico de los niños varones, sobre todo en las barriadas más pobres de EEUU.

De un artículo en el Atlantic, acabó saliendo un libro, La Guerra contra los niños, que ya le posicionó enfrente de muchas feministas y al lado de Camille Paglia, crítica cultural que, con Sommers, mantiene que es una ficción negar las diferencias biológicas entre géneros. En Quién robó el feminismo, la autora cree que el discurso de las académicas del género está muy desconectado del día a día de miles de mujeres de EEUU. Si hay algo que le saca de quicio es la expansión del victimismo y la asociación permanente entre cierto feminismo y la izquierda radical. Ella se considera una librepensadora que no cabe en la corrección política que se hizo con el poder en la universidad de EEUU.

Ahora investiga en el American Enterprise Institute, uno de los think tanks liberales más señeros de Washington, donde mantiene un videoblog, La Feminista Factual, en el que aporta datos para aprobar o rebatir algunas afirmaciones sobre la situación de las mujeres.

El otro día, en las redes, tuvieron que sacar una etiqueta, #porquésoyfeminista, algo impensable hace 30 años. ¿Por qué muchas mujeres ahora se niegan a identificarse con esa palabra?
Porque el término se asocia ahora con el enfado, la falta de humor y el ánimo de venganza contra los hombres. ¿Está justificado? Pues no creo. Hay muchos estilos de feminismo y no todos implican esa actitud de revancha hacia los hombres, esa acritud. Desgraciadamente, ese estilo de feminismo feroz es muy poderoso en los medios y en las universidades. Tiene mucha atención pública pero, en realidad, no es bueno si lo que pretenden es ganar adeptas a la causa.
¿Cómo y cuándo empieza ese sentimiento antihombres?
Siempre ha habido cierta fobia a los hombres en algunas mujeres del movimiento, eso es innegable. Pero eran marginales. Pero hoy, al menos en las universidades, están siendo las protagonistas del debate. La masculinidad se trata de manera rutinaria como una patología que necesita una cura. Casi todos los libros de los estudios de género culpan de la mayoría de los males de la sociedad a los hombres y al patriarcado.
El hecho de que casi todas las mujeres tengan un padre más o menos presente y muchas tengan hermanos e hijos, ¿juega un papel en ese distanciamiento hacia un feminismo que se autoafirma en una guerra de sexos?
Es parte de la explicación. Muchas hoy están agradecidas por lo que el feminismo ha conseguido: el voto femenino, la oportunidad de tener una carrera de éxito y una familia… pero esas mujeres difícilmente se pueden identificar con un movimiento que trata a sus hermanos, hijos o parejas como el enemigo. Y hacen bien: la vida no es una lucha maniquea entre Venus y Marte.
¿Cuándo pasó el feminismo de luchar por la igualdad de derechos y libertades a pensar que las mujeres casi nacen todas como víctimas potenciales de los hombres?
El feminismo de hoy es de lamento. Se empezó a forjar en los 90. La causa noble de la emancipación de la mujer se transformó en victimismo. ¿Cómo pasó? Le echo mucho la culpa a una mezcla desafortunada de teorías de la conspiración sobre un patriarcado fantasma y la propaganda. Desde hace años, he mirado con cuidado estadísticas sobre mujeres y violencia, depresión, desórdenes alimenticios, igualdad salarial y educación. Lo que he encontrado es información engañosa. La tercera ola del feminismo se construye con mentiras e hipérboles. Por ejemplo, la desigualdad salarial. Sí, las mujeres ganan menos que los hombres pero es porque estudian distintas carreras, trabajan en distintos campos y menos horas. Cuando controlas todos estos factores, la diferencia casi desaparece. Pero eso no se dice en los libros de los estudios de género.
¿Aún hay asuntos por los que merece la pena seguir luchando?
El trabajo serio del feminismo en el siglo XXI tiene que ser global, por todo el mundo. En vez de retirarnos a lugares seguros y centrarnos en nuestra opresión imaginada, las feministas americanas y europeas deberían estar en contacto con grupos de mujeres del mundo en desarrollo. Afortunadamente, feministas como Ayaan Hirsi Ali reconocen ese reto moral. Ella ha animado a las mujeres privilegiadas occidentales a apoyar a mujeres que están luchando contra las muertes por honor, las ablaciones genitales, los matrimonios forzados, los ataques con ácido y los castigos con látigo. Por supuesto que las feministas de las universidades se sienten mal por lo que les pasa a las mujeres en Yemen pero también piensan que comparten un destino común. Y pueden citar una letanía de estadísticas de víctimas de sus clases de estudios de género para sostener su punto de vista. Alguien les tiene que decir que esas estadísticas son engañosas y que, aunque la amenaza de daño es constante, ellas están entre las más liberadas y privilegiadas, por seguras, del planeta.
Hay feministas en campus de EEUU que protestan cuando Hirsi Ali quiere hablar allí. Consideran que tiene puntos de vista ofensivos con el Islam, y apenas se conocen iniciativas globales para apoyar a mujeres en Irán o Arabia Saudí…
En EEUU, muchas mujeres de talento y privilegiadas creen ellas mismas que están siendo víctimas de una opresión sistemática. Y no lo son. Ven injusticias por todas partes. Si un conferenciante va a sus universidades y no está de acuerdo con sus queridas creencias, lo ven como violencia psíquica. En la universidad de Brown, unas estudiantes se retiraron a un cuarto seguro con cuentos de colorear y videos de cachorritos. ¿Por qué? Porque venía un conferenciante controvertido. Pensaron que les podía causar un trauma. Cuando hablé en Oberlin, una universidad de élite en Ohio, 30 estudiantes y un perro de terapia huyeron a un espacio seguro. Me sentí mal por haber causado eso en un pobre perro. Cada vez más, los estudiantes activistas en EEUU se centran en su ombligo y en esa situación de opresión muy a menudo imaginada. Mientras, las mujeres de muchos sitios del planeta de verdad que están luchando por su libertad con sus vidas.
Como alguien que se denomina una feminista «objetiva», ¿en qué cree hay más diferencia entre los hechos y la opinión pública?
Los chicos occidentales de entornos desfavorecidos se están quedando atrás académicamente. Y no hay consciencia de esta situación. Los avances recientes de las niñas y de las mujeres en educación tienen que causar una profunda satisfacción, este año ha habido récord de mujeres universitarias en EEUU. Pero no nos puede hacer dejar de ver a los cada vez más numerosos chicos con fracaso escolar, chicos que se van a perder en nuestra economía basada en el conocimiento.
¿Qué es el feminismo de género, explicado a lectores no iniciados?
Es una escuela de feminismo de línea dura que ve a las mujeres, incluso en Occidente, como cautivas de un sistema de injusticia y de opresión. Según esta teoría, cada logro humano en realidad lleva el sello del patriarcado: literatura, filosofía, ciencia, música o lenguaje. No es suficiente con cambiar leyes o tradiciones. El sistema entero tiene que ser desmantelado. El feminismo de género salió de la política radical de los 60 y estuvo marcado por la filosofía marxista y la de Marcuse, Frantz Fanon y Michel Foucault. Yo, sin embargo, me considero una propagadora del «feminismo de igualdad» que lucha por la igualdad moral, social, legal de hombres y mujeres, por la libertad de mujeres y hombres para emplear su estatus de igualdad en intentar ser felices como ellos quieran. Su origen es la Ilustración. Dicho claro, el feminismo de la libertad quiere para las mujeres lo que para todos: dignidad, oportunidad y libertad personal. No está en guerra con feminidad y masculinidad y no ve a los hombres y a las mujeres como tribus opuestas. No está en sus tablas sagradas las teorías de la opresión universal del patriarcado y los males inherentes al capitalismo.
¿Y el feminismo interseccional?
Nació en los 70, con mujeres negras que acusaban a las feministas blancas de no tenerlas en cuenta. Quieren que se tome en consideración la clase, la raza, el sexo o si hay discapacidad. Por ejemplo, una mujer blanca está discriminada por mujer pero privilegiada por su raza. Un hombre negro tendría ventaja como hombre y desventaja por su raza. Patricia Hill Collins, que fue la presidenta de la Academia de Sociología, es la artífice de este pensamiento y autora de un libro que retrata EEUU como tierra de opresión, un sistema rígido de privilegio y dominación. Collins y sus colegas advierten que, aunque la mayoría no lo vea así, es porque está escondido a la sociedad. El conocimiento dicen que se ha construido con las experiencias de los poderosos. Dicen que la idea de la objetividad basada en el conocimiento es una manera de pensar muy masculina y occidental… Tengo problemas con cómo se enseña en las universidades porque es una teoría de la conspiración, si la cuestionas eres una opresora y nunca publican textos de escépticos… Y ser víctima es el modo de tener autoridad moral. Es difícil mantener una discusión racional. He visto congresos acabar con rituales y cantos. O el bullying a hombres blancos, los opresores, en los campus. Estas víctimas tienen permiso para tratarles mal.
Alguna vez usted ha dicho que las quejas de algunas feministas parecen hasta una parodia, como aquella que decía que había que cambiar el nombre al Big Bang…
Es que cada vez es más difícil apreciar la diferencia entre la realidad y la parodia. Algunos filósofos, incluido uno del MIT, han descrito las palabras «rigor» y «seminal» como opresoras masculinas. Pero si es que hay artículos académicos sobre la glaciología femenina…. La autora mira los desequilibrios de poder en las relaciones hombre-hielo. Si hasta hay toda una temática sobre la contabilidad femenina. No tengo ni idea de lo que es eso, en realidad no creo que lo sepa nadie pero hay universidades pagando a profesores para que lo enseñen. Pueden parecer ejemplos extremos. Lo son. Pero es que lo extremo hoy en algunos sitios académicos es la norma.
¿Cómo compatibiliza el movimiento que se hable de «las mujeres» todo el rato y no lo hagamos de «los hombres»? ¿Cree que esa negación de la individualidad de las mujeres las está alejando de ellas precisamente?
Y es que hay situaciones muy distintas. Ahora mismo, en EEUU y en Europa es difícil saber quién está mejor. La vida moderna es una mezcla complicada de cargas y bendiciones, para cada sexo. Las mujeres es verdad que ganan menos y luchan con techos de cristal, pero los trabajos más penosos, más peligrosamente mortales, siguen siendo de los hombres. Podemos aliviar algunas de estas cargas con políticas sensatas, pero ahora mismo el lobby feminista parte de una lógica perversa: si algunos hombres están mejor que las mujeres, eso es una injusticia. Si a las mujeres le va mejor, eso es la vida.
Y, al final, como conseguimos un femenismo «más calmado y fácil de usar», como usted ha defendido que a veces que hace falta.
Mi consejo hoy para las mujeres jóvenes es que reformen el feminismo. Que corrijan sus errores. Que apoyen un feminismo cuyo objetivo sea dar a todas las mujeres -incluso a las muy moderadas y conservadoras- una voz distinta, más que una que pida para todas las mujeres lo mismo. Sobre todo, que hagan causa común con las mujeres que, alrededor del mundo, están luchando por libertades básicas. Apoyar a las mujeres que de verdad están oprimidas le daría al feminismo occidental algo de lo que ha carecido durante muchos años: un propósito contemporáneo digno de su pasado ilustre, prestigio.
A veces ha sido crítica con Hillary Clinton, pero ¿le gustaría que llegara a la Casa Blanca?
No estoy siempre de acuerdo con ella, pero claro que será emocionante ver a una mujer prestar juramento como presidente por primera vez en la historia de EEUU.

https://www.youtube.com/watch?v=fhm_HZ9twMg&index=15&list=PLytTJqkSQqtr7BqC1Jf4nv3g2yDfu7Xmd

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TALLER DE ESCRITURA CREATIVA PARA ADULTOS

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¿Por qué asistir a un taller de escritura creativa?

Escribir es muy difícil. Cualquiera puede sentarse a poner por escrito lo primero que se le pase por la cabeza. Pero eso sólo es la primera fase del proceso creativo; escribir para ser leído por otros es mucho más complejo y laborioso.

Escribir es, además, una tarea muy solitaria. En un taller te relacionarás con otras personas que tienen las mismas inquietudes que tú.

¿Por qué escoger los talleres de Proscritos?

En la gran mayoría de los talleres literarios hay entre diez y veinte personas (en algunos, incluso más), y eso hace imposible que se pueda profundizar en lo que escribe cada alumno. Lo habitual es que cada autor lea en voz alta lo que ha escrito, los compañeros den su opinión y el profesor haga algún comentario sobre aspectos que le hayan llamado la atención. Pero no se trabaja la técnica.

Y sin técnica, no evolucionarás: tu sintaxis seguirá siendo farragosa, a tu prosa seguirá faltándole ritmo, etc…. Acabarás desmoralizándote y, probablemente, tirarás la toalla. Por eso nosotros damos tanta importancia a la técnica:
– Nuestro taller es para pocos alumnos: máximo seis personas.
– La profesora lee y revisa cada texto antes de las clases.
– Los trabajos de los alumnos se corrigen en la pizarra

Horarios
Puedes elegir entre horario de mañana o de tarde.
Tarde: Martes, de 20:00 a 22:00
Mañana: Jueves, de 12:00 a 14:00
(Si hay suficientes alumnos, se pueden abrir otros grupos)
Precio
Si pagas por mes: 80€
Si pagas por trimestre: 190€ (95€ el primer mes, 95 el segundo y nada el tercero)
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TALLER DE ESCRITURA PARA ADOLESCENTES

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La adolescencia es una época efervescente en la que la imaginación vuela, y los chicos más creativos le dan rienda suelta escribiendo en la soledad de su habitación.

En nuestro taller compartirán sus escritos con otros jóvenes que tienen sus mismas inquietudes, y les enseñaremos a sacar el mayor partido a su talento.

El taller es eminentemente práctico, los alumnos escribirán bajo las indicaciones de la profesora, y los textos se leerán, se comentarán y se corregirán en la pizarra.

Alumnos: adolescentes de entre 13 y 17 años.
Horario: Miércoles de 18:00 a 19:30
Precio:
Si pagas por mes: 75€
Si pagas por trimestre: 180€ (90€ el primer mes y 90 el segundo)

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TALLER DE AUTOBIOGRAFÍA PARA MAYORES

Fotografía en contexto original: rabbarbara 

Gardner

Gardner

No hay que ser escritor para escribir una autobiografía.
Hay quien escribe para dejar testimonio de una época. O para regalar a sus nietos un documento en el que puedan reconocer sus orígenes. O para comprender. O para perdonar y ser perdonado. O para no olvidar. O, simple y sencillamente, para pasar el rato.

Escribir es pasar la vida a limpio, pero es una tarea muy solitaria y complicada. En el taller de autobiografía, los autores encontrarán el apoyo y la guía de una profesora, que les ayudará a encontrar el lugar desde el que contarlo, a no perder el hilo conductor, a rellenar las lagunas y a conseguir un relato coherente.

Horario: Lunes de 12:00 a 14:00
Precio:
Si pagas por mes 70€
Si pagas por trimestre: 170€ (puedes pagar 85€ el primer mes, 85€ el segundo y nada el tercero)
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El Quijote de Cherkasov, Kozintsev y Tolubeyev

por Robert Lozinski

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En 1957, cuatro años después de la muerte de Stalin, Grigori Kozintsev ofrecía al público su versión cinematográfica de Don Quijote, con Nikolai Cherkasov en el papel del Caballero de la Triste Figura.

A lo largo de su carrera Cherkasov recibió cinco Premios Stalin, el máximo galardón por méritos artísticos y científicos de aquella época. ¿Pero cómo había conseguido este artista caer bien al tirano de los tiranos?

En 1938 se estrenaba la película histórica “Alexandr Nevski” del director Serguei Eisenstein. El papel del príncipe, vencedor en la Batalla del Hielo contra los Caballeros Teutónicos, lo interpretaba Nikolai Cherkasov. Hay un momento en la película en que Alexandr pronuncia la frase más importante “¡Quien a hierro mata, a hierro muere!”. Esa era la imagen que, en opinión de Stalin -y parece que también en opinión de Cherkasov- debía quedar para la posteridad; no la imagen de príncipe envenenado y traicionado por los suyos que había plasmado Eisenstein.

La historia se repitió cuatro años más tarde con el largometraje sobre Iván El Terrible. Eisenstein realizó la película pero a Stalin el zar Iván no le gustó. El dictador esperaba ver un personaje heroico y, en cambio, ¿qué ofrecía Eisenstein a la nación soviética en busca de modelos? ¿Un anciano que rezaba ante los iconos? Cherkasov interpretó magistralmente su papel aunque también él hubiera preferido un zar diferente, no alicaído sino resuelto y enérgico hasta el final. Esa actitud sincera del actor, que creía con honestidad que el arte debía aprovechar los valores históricos con fines educativos, coincidía casualmente con los propósitos de Stalin, que utilizaba el cine en función de los intereses propagandísticos del régimen.

El estalinismo se planteó arrancar la idea de Dios del alma del pueblo soviético cuando el pueblo aún creía en Dios ciegamente. Fue una operación muy dura, hecha sin anestesia y sobre un tejido vivo. El hombre europeo occidental había ido renunciando a su fe paulatinamente, a medida que se iba dando cuenta de que era él mismo, no otro, quien podía contribuir a su prosperidad económica. Para el hombre soviético esa prosperidad no llegaría nunca. El hombre soviético fue brutalmente engañado. De él se rieron con satisfecho cinismo todos aquello que le habían prometido un futuro mejor. El pobre se quedó con la esperanza. El desengaño del Quijote soviético es profundo y de esa profundidad se alimenta su optimismo.

La Castilla del Quijote soviético es la meseta Ai-Petri de Crimea, el pueblo de Alonso Quijano el Bueno y Sancho Panza es una aldea tártara con casas encaladas y gallinas de corral paseando libremente por las callejuelas. El entorno tiene el encanto de peinture naïve con un caballero bueno y sabio -aunque también loco- que pretendía corregir los males del mundo en solitario. En un entorno hostil a la libertad de creación y de expresión, Kozintsev, Cherkasov y Tolubeyev (en el papel de Sancho) lograron crear a uno de los Quijotes quizás más próximo al ideal cervantino.

¿Habría aprobado Iosif Visarionovichi la película de Kozintsev? Quien opta por el mal absoluto, quien lo practicó en las formas más diversas, quien se burló de la vida humana y la despreció profundamente podría ser capaz de reconocer en el hombre la bondad sin límites, no disimulada: la bondad cervantina.


Robert Lozinski es autor de La ruleta chechena

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Necesitamos mártires

por Marisol Oviaño

burkini

Estoy rabiosamente en contra de la islamización de Europa.
También estoy rabiosamente de acuerdo con las palabras de Valls, Primer Ministro francés: “El ‘burkini’ no es una nueva gama de bañadores, ni una moda. Es la traducción de un proyecto político, de una contrasociedad, fundado en la esclavitud de la mujer”.(elPeriódico)

Y entiendo que algunos municipios de Francia, con los ataques que han sufrido últimamente, prohíban el burkini en las playas. Mi primera reacción fue aplaudir la medida: hoy sólo se ponen el burkini las mujeres musulmanas y dentro de unos años, cuando esas máquinas de parir hayan terminado su trabajo, habrán llenado Europa de hijos de Alá que formarán partidos políticos y ganarán las elecciones. Y no sólo por el tema demográfico: creo que no pocos hombres occidentales hartos del feminismo radical les votarán. Y entonces todas nos bañaremos con burkini por decreto ley.

Pero, después de documentarme y darle muchas vueltas al asunto, no sé si es buena idea prohibirlos. Aunque no tengo ninguna duda de que se trata de un símbolo de la opresión que sufren las mujeres por parte de una ideología que las considera la puerta del infierno (y a los hombres, dicho sea de paso, animales sin ningún control sobre sus instintos); tengo la sensación de que las que se ponen el burkini para ir a la playa son las “modernas”. Las otras, las más conservadoras, no van a la playa. O se meten en el agua cubiertas de pies a cabeza y aguantan con los ropones mojados y llenos de arena todo lo que haga falta.

El burka no pertenece a la tradición islámica, tal y como nos explica Aina Díaz en un magnífico artículo en Infolibre Y el burkini es un invento reciente. Fue diseñado en el 2003 por la australiana de origen libanés Aheda Zanetti . En una entrevista en El Español, dice que lo hizo para que su sobrina pudiera bañarse como las otras niñas, cuya religión desconocemos porque llevaban los mismos bañadores que las niñas católicas, protestantes, budistas, judías o ateas. . En otra entrevista en The Guardian que publica El Diario afirma que lo diseñó para que jugara al vóleibol, . En cualquier caso y a pesar de que Zanetti no está en contra del sometimiento de la mujer al hombre, creo que diseñó el burkini para que las mujeres musulmanas hicieran algo que hasta entonces no podían hacer.

Pero la diseñadora del burkini vive en Australia, un país donde las mujeres son libres de hacer lo que les dé la gana (siempre que no sean musulmanas).  ¿Opinan lo mismo las musulmanas que viven en países islámicos? En un artículo aparecido en El Mundo, varias de ellas aseguran que el burkini es una imposición, e incluso una que supervisa un internado de chicas, asegura: “estas chicas con ‘burkini’ intentan imponer su ley a las jóvenes que no portan el velo, ya que consideran a estas chicas como impías”.

No hace tantos años, cuando las “suecas” llegaban a las playas españolas, el reprimido Juanito español, se relamía con el espectáculo. Pero ponía el grito en el cielo si a su mujer se le ocurría comprarse un bañador que no tapara bien todos sus encantos. Porque la mujer española era “decente”. Y las “suecas”, unas putas. Imaginemos que Juanito español y su mujer hubieran emigrado a un país de “suecas” con buenas playas, Francia, por ejemplo. Y que la policía francesa hubiera multado a la española por llevar un bañador católicamente recatado en lugar de un bikini. ¿Qué habría dicho Juanito español? (ponedle voz de José Luis López Vázquez): “¿Lo ves cómo esto de venir a la playa sólo nos trae problemas? A partir de ahora sólo iremos de excursión al campo. ¡Campo, mucho campo!”.

Por eso, aunque el cuerpo me pide prohibir el burkini, el niqab y demás, no estoy segura de que multar a las mujeres que lo lleven sea lo más inteligente. Para empezar ellas, que ya son víctimas del machismo musulmán, ahora además lo son del enfrentamiento entre el radicalismo islámico y el laicismo occidental. Y después de la primera multa, probablemente el marido les prohibirá ir a la playa. ¿Es eso lo que perseguimos: que las mujeres musulmanas se queden en casa con la pata quebrada, vigilando que sus hijas perpetúen la sumisión?

Pero, por otra parte, no podemos ceder ni un milímetro en este asunto. De modo que se me ocurren soluciones más imaginativas. Si estuviera en mi mano legislar, pondría el foco en los hombres. Y cada vez que hubiera una mujer con burkini en la playa o con niqab en la calle, obligaría a toda su familia a asistir, hombres y mujeres por separado, a cursos bien largos sobre los derechos de la mujer, la igualdad de sexos en Europa y los metodos anticonceptivos.  Y a la familia que se negara a asistir al curso, le pondría una multa de miles de euros o, en caso de que estuvieran recibiendo ayudas del Estado, les retiraría las subvenciones. Y, si fueran extranjeros, los expulsaría del país.

A ellas les facilitaría el acceso a las obras de otras mujeres musulmanas que luchan por conseguir la igualdad (las hay). De este modo nos quedaría esperanza de que empezaran a pensar por sí mismas y a asociarse para alcanzar los mismos derechos que los hombres. Y eso sólo pueden hacerlo ellas: la libertad no puede ni regalarse ni imponerse.

Por supuesto, no soy ingenua y sé que lo tendrán muy difícil.  Como decía Inar de Solange en Seduciendo a dios: “…las mujeres han de librar su batalla entre las paredes de la casa familiar, y el enemigo a batir son sus ancestros, sus tradiciones, sus padres, sus familiares, su entorno. Su dios”. Nadie dijo que fuera fácil. Ninguna lucha por la libertad lo ha sido, a las mujeres occidentales nos ha costado sangre, sudor y lágrimas alcanzar la situación que tenemos ahora. Y ahora ni nosotras ni el Estado podemos luchar por las mujeres musulmanas. El Estado puede decretar leyes que las protejan de las exigencias del radicalismo islámico, y nosotras podemos apoyarlas en su lucha, pero son ellas quienes tienen que poner las mártires.

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¿Por qué es tan duro ser mujer en el S XXI? (IX): “Borrando a Papá”

Documental sobre la obstrucción de vínculos familiares y la alienación parental en Argentina. “Borrando a papá” fue censurado en Argentina después de su estreno en cines el 2 de octubre 2014.

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Descansar es necesario

por Marisol Oviaño

mojácar

Domingo, último día de vacaciones.
Me levanto tarde, leo la prensa, me doy un paseíto por el pueblo. Paro en la trinchera proscrita para asegurarme de que mañana no me aguarda ningún desastre como, por ejemplo, una filtración de la piscina que hay un piso más arriba. Compruebo que todo está en orden y emprendo el camino de vuelta a casa.

Como a la ida, me voy encontrando con personas a las que conozco y, aunque saludo con una sonrisa, no me detengo a hablar con ninguna. Ayer estuve todo el día con gente en casa de Cris y lo pasé muy bien, pero hoy no tengo ganas de pegar la hebra con nadie. Para apreciar el ruido, hay que conocer el silencio.

En casa, Alejandro está en su cuarto. Eude se ha ido al centro comercial con una amiga para comprar el regalo del cumpleaños que tienen esta noche. La brisa mueve las hojas de los árboles, entra por la ventana y me agita el pelo como si estuviera escribiendo en la cubierta de un yate. Lo mejor de las vacaciones ha sido regresar y comprobar que sigue gustándome este viejo piso reformado que está en el centro de un jardín. Que amo a quienes comparten la vida conmigo y que sigo amando mi trabajo.

Llevaba cinco años sin desconectar y me hacía mucha falta. Pero no supe cuánto hasta que, la primera noche que pasamos en Mojácar, Cris y yo nos sentamos a tomar una cerveza frente al mar mientras esperábamos mesa para cenar. La terraza del restaurante estaba cerca de donde rompían las olas, y el aire salado nos rizaba el pelo y nos acariciaba la piel. Me sentí tan feliz que se me humedecieron los ojos.

El viaje a Mojácar con Cris ha sido una experiencia inolvidable. Nos hemos reído muchísimo, hemos hablado todos los días hasta las cinco y media de la madrugada; hemos pasado muchas horas en silencio en una playa salvaje y remota, cada una a su bola porque para eso está el mar: para abandonarse a él. Hemos disfrutado como obreros de esas cervezas heladas, que sacábamos de la neverita cuando acabábamos el arduo trabajo de montar el cuartel general con una lona y unos vientos. Hemos sacado el máximo partido a las paellas del todavía más remoto chiringuito que había una playa más allá. Nos hemos divertido incluso cuando fuimos a comprar sillas de playa y nos atendió un joven y cómico matrimonio chino. Hemos funcionado como un equipo, Cris cargaba con casi todo el peso y yo contaba chistes, e hice una ensaladilla rusa que nunca acabamos de comernos. No sólo han sido unas felices vacaciones, también una intensa prueba que nuestra amistad ha superado sin esfuerzo, quizá porque nos conocemos y nos queremos tanto que casi podemos leernos el pensamiento. Todo fluyó entre nosotras de manera natural, como hace años, cuando estábamos a todas horas juntas. Gracias por esos días, Cris.

Tras la costa de Almería, puse rumbo a la casa que mi madre tiene en el pueblo.
nogal

Nunca antes había ido sola, sin hermanos, cuñado, sobrinos o madre. Se oían los pájaros, los burros que rebuznaban a lo lejos, algún gallo, el viento entre las hojas del gran nogal del jardín. No había mejor lugar para pensar todo lo que tenía que pensar. Allí podría darle vueltas a la cabeza durante horas. Y, además, también estaban pasando esos días de agosto en el pueblo mis primas, sus maridos, sus hijos, y cuatro de mis tíos, lo que me ofrecía la oportunidad de hacer algo de vida familiar a la hora del aperitivo o por la noche, durante las fiestas. Sentía curiosidad por descubrir cómo sería relacionarme con todos ellos sin mi madre y sin mi hermana, que son quienes suelen marcar las pautas sociales, pues yo apenas voy por  Pradosegar. Y fuera de allí, coincido poco con esa rama de la familia, que es la que más frecuento.

Mi hijo Alejandro había venido conmigo, pero era una compañía muy cómoda: pasaba mucho tiempo leyendo, tocando la guitarra o jugando con el móvil; no interrumpía el flujo de mis pensamientos. Pero yo no quería estar sentada todo el día leyendo o escribiendo, necesitaba ocuparme en alguna tarea física que me hiciera sudar pero no me provocara un infarto. Y no me apetecía andar, hacía demasiado calor para pasear por los caminos polvorientos.

Justo antes de irse a México, mi madre había solado la parte de atrás del jardín. Tuvo unas diferencias con el encargado, y éste se marchó sin haber quitado los restos de cemento. De modo que me puse manos a la obra; así daría una alegría a mi madre y, por otro lado, terminaría de limpiar el atranco mental que ya había empezado a diluirse en Mojácar. Dediqué varias horas diarias a quitar la película de cemento que afeaba el patio y las aceras. Primero con manguera, luego con fregona, luego con cepillo, luego con vinagre, luego con vinagre, agua hirviendo y cepillo de raíces. Me sentía como el doctor Bacterio experimentando en su laboratorio. Y cuando frotaba y frotaba con el cepillo de raíces –con mango-, pensaba en que esa había sido la vida de mi abuela cuando sólo tenía doce años de edad: frotar y frotar para otros a cambio de un plato de comida y un jergón. Cuando al final de cada sesión de limpieza cogía la manguera para rematar el trabajo, sentía que aquella arenilla que el agua arrastraba hacia al sumidero había salido de mí. A los dos días de llegar allí, los pensamientos volvieron a fluir como arroyos.

Cuando Alejandro y yo nos cansábamos de estar solos, salíamos a tomar algo con las primas y demás familia; ¡es tan agradable esa complicidad que hay entre quienes han crecido juntos! “Tienes que venir más a menudo”, me decía mi prima Maricarmen, que va al pueblo todos los fines de semana. Pero no pude prometerle nada; cada vez que voy pienso que volveré pronto, pero luego la vida me enreda en mil asuntos más.

Algunos días después que nosotros, llegaron mi hermana, su marido y sus hijos. En enero se fueron a pasar una temporada en Inglaterra y, aunque a los dos adultos les hemos visto cuando venían a Madrid por trabajo, hacía más de medio año que no veíamos a los niños. La casa se llenó de bullicio, alegría y alguna que otra pataleta, del sonido de la vida que bulle, y Alejandro y yo dejamos de ser ermitaños para volver a ser felices miembros del clan. Cenábamos bajo el centenario nogal gracias a un ingenio lamparil que había ideado mi cuñado, y yo ponía sobre la mesa unas velas en un par de botes de mermelada. Si hubiéramos sido más delgados, habríamos parecido protagonistas de alguna película francesa. Desde luego hablamos tanto como hablan los franceses en ellas: una de las mejores cosas de nuestra familia es que nos encantan las sobremesas. Sólo faltó que hubiéramos coincidido con mi madre, que seguía en México, y Paco, que andaba pedaleando por Inglaterra.

Y, tras convivir estrechamente con el clan tres días, regresé a esta casa para ir aterrizando poco a poco en la realidad. El hombre en la sombra me llamó el mismo día que llegué, y el trabajo comenzó a infiltrarse poco a poco en los últimos días de semivacaciones. Pero como este necesitado descanso que he disfrutado estas semanas me ha despejado la mente, hemos ido solucionando los problemas que se presentaban, y afrontamos la vuelta al cole con la ilusión que siempre me provocan la toma de decisiones y los nuevos o renovados proyectos.

Mañana lunes (hoy, cuando leáis esto), volveré a abrir la trinchera proscrita.
Espero que hayáis disfrutado de unas buenas vacaciones. Y si no lo habéis hecho, hacedlo. Descansar es necesario.

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