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¿Y el aborto?

Miguel Pérez de Lema
Ahora que abrimos todos los melones y destapamos todos los tarros de las esencias de esta post nación, me pregunto y le preguntaría a todas esas altas sensibilidades que padecen por la lidia y la muerte en combate de un toro:
¿Y el aborto?
No sé si me explico.
No se puede negar que los prohibicionistas han jugado bien sus bazas. Esa iconografía tremendista en sus carteles amplificando el horror, la sangre, la violencia de la fiesta nacional -nacional, ahí le duele-.
Y yo me pregunto
Bueno, vale, de acuerdo, pero ¿y el aborto?
Escribo en Google imágenes la palabra aborto, y creedme, debo pasar unas cuantas páginas para elegir una fotografía que no te rompa el alma.
Será que no soy tan sensible como un animalista. Por eso pongo esta imagen, sin sangre, real, viva.
Antes de la muerte.

Chiste privado
Estoy en la barra de la cocina, escribiendo en el ordenador, cuando llega mi hijo y me pide que mire si me deja abrir el Messenger. Abro el Messenger y, cuando me dispongo a teclear mi dirección, va el cabroncete y dice: marichihaescritolabiblia@hotmail.com
La mística del toro
por Marisol Oviaño
Ilustración: La cogida, de Picasso
El toreo es probablemente la riqueza poética y vital de España, increíblemente desaprovechada por los escritores y artistas, debido principalmente a una falsa educación pedagógica que nos han dado y que hemos sido los hombres de mi generación los primeros en rechazar. Creo que los toros es la fiesta más culta que hay en el mundo. (Federico García Lorca)
Desde que murió mi padre no he vuelto a ir a los toros.
Él fue quien me inició en el más solemne espectáculo, ése en el que el hombre cita a la muerte: ¡Je, toro!
Mientras la plaza contenía el aliento, mi padre me cuchicheaba a la oreja: Eso es un natural… ese toro es mejor torearlo por la derecha… ná, este matador no transmite.
Transmitir.
Ésa es la palabra clave.
Para ser torero hay que tenerlos bien puestos.
Quienes nunca han estado cerca de un toro, no entienden que hace falta una gran fortaleza mental para no tomar el olivo cuando el morlaco viene corriendo hacia ti, cuando pasa rozándote, cuando sientes su respiración en la muleta.
Una vez aguardé con un capote a una pequeña vaquilla. Aguanté como una campeona mientras ella, más alta que yo, se acercaba a mí. Cogió bien el engaño que sostenían mis manos, y mientras ella entraba al trapo yo sufrí una descarga de vida. Y rugí de orgullo como un dios en un orgasmo. Después, solté el capote y salí corriendo hacia el burladero, con los labios húmedos de muerte.
Comprendí entonces cuánto valor necesitan los hombres que se visten de oro para morir.
Pero el valor no es suficiente: además hay que transmitir.
Lograr que miles de personas dejen de respirar a la vez, conseguir que sus corazones latan al unísono en un silencio respetuoso, llevarles a un paroxismo en el que necesiten romperse las manos aplaudiendo.
Y, mientras, ofrecer el pecho a los pitones de la muerte.
Ole, ole y ole.
El misterio Maradona
Miguel Pérez de Lema
En los sesenta se hizo un documental “Mystere Picasso” en el que se trataba de atrapar el misterio de la creación, el genio de Picasso. Convirtiendo la pantalla en lienzo transparente en la que se veía en tiempo real cómo el pintor trazaba una línea que no era nada, y la unía con otra, que tampoco, y otra más que ya sí, y entonces ya había ocurrido el arte. La cosa. El genio.
Maradona también tiene su misterio. El misterio de la épica contemporánea. Aquí le hemos sacudido a fondo (http://proscritosblog.com/2009/11/15/maradona-vete-ya/comment-page-1/), y ahora que ha vuelto a fracasar, que lo echan de la selección -donde nunca debió estar-, que le niegan sus padrinos (ese Bilardo, ese Grondona), nos resistimos a sentir lástima por Maradona.
Si acaso sentimos lástima por el tiempo sobre todos nosotros, por el peso de lo mortal -la estúpida carne- sobre lo inmortal -la memoria pura-.
Maradona es otra cosa.
Me parece que quien más cerca ha estado de esclarecer del “Misterio Maradona” ha sido el escritor Eduardo Saccheri, en el cuento “Me van a tener que disculpar”.
Lo ofrecemos aquí narrado por Alejandro Apo, con locución original de los goles de Víctor Hugo Morales.
A disfrutar.
Primera parte
El origen de las especies
por Rodolfo Naró
Fotografía en contexto original: minube

Cuando Carlota mi abuela viajaba en avión usaba su piel de zorro. Mi abuelo iba de traje y corbata, como si de un concierto se tratara. Cinco horas antes del vuelo ya estaban listos, esperando que el chofer los llevara al aeropuerto. Sus únicos viajes en avión los hicieron de Guadalajara a Tijuana para visitar a su hija Clemencia, hermana de mi madre.
Los he recordado ahora que estoy por volar a Ecuador y a Venezuela. ¿Qué ropa llevarme? ¿Para cuántos días? ¿Lavaré allá o simplemente le doy la vuelta a las camisetas? ¿Y si llueve? Entonces me llevo más de un par de zapatos. Estaré en Guayaquil, la ciudad más grande de Ecuador, más importante económicamente que Quito, la capital. Voy a conocer los barcos atuneros, las plantas de producción. Espero, en alta mar, ver arrastrar las redes con miles de peces forcejeando por liberarse. Quizá a lo lejos divise las Islas Galápagos, inspiración de Charles Darwin, poeta de la biología.
Escribo esta columna apurado, contestando los últimos correos, haciendo la maleta, conversando con Audomaro Ernesto que me visita de Tabasco, tachando en mi lista imaginaria lo que debo llevar. Decidiendo lo más difícil de todo, qué libros me acompañarán. Esa decisión, cuando viajo, siempre me parece muy complicada. Al final termino llevando más libros de los que puedo leer, sin importar el peso, el volumen ni las recomendaciones. Los libros son los mejores compañeros de viaje, comparten no sólo buenos momentos, sino su paciencia. Previniendo tal efecto hace unos días compré El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger, en su edición de bolsillo, y he decidido dejar El lamento de Portnoy de Philip Roth. Pero desde hace un mes, en las noches estoy leyendo El asedio de Arturo Pérez-Reverte y sigue descansando en mi buró Moby Dick de Herman Melville. Éste podría ser interesante, me digo. Mar, ballena, aventura, 683 páginas, contra las 727 de El asedio.
También tengo que llevarme Letras Libres de junio, las revistas de El país semanal de hace tres domingos y los suplementos Babelia de varios sábados, el libro de licitaciones del DIF y las leyes arancelarias de Ecuador, para echarles un ojo en mis casi 22 horas de vuelo y las 7 conexiones por media América que tengo que hacer para poder llegar a Guayaquil. Todo tiene que entrar en una maleta y en mi portafolio, donde ya mi computadora ocupa el mayor espacio.
Dispongo todo, mis camisas recién planchadas, 4 pantalones, medicina para la gripa, la pasta de dientes que siempre se me olvida y en los hoteles nunca ta dan. Estoy a punto de cerrar la maleta y haciendo un último repaso caigo en cuenta que no llevo ningún libro de poesía. ¿Dónde meterlo? En Caracas seguro que visitaré librerías y compraré alguna edición especial de Eugenio Montejo o el reciente poemario de Rafael Cadenas, me repito. Pero no puedo dejar a la mitad Región de Jorge Esquinca y cómo no he de llevarme en mi primer viaje al trópico a Carlos Pellicer. En pleno oleaje puedo comenzar la postergada corrección de Cuaderno de nostalgias, mi nuevo libro de poesía.
Vuelvo a abrir la maleta. Siento que mi abuela me apresura para que esté listo, como muchas veces lo hizo cuando íbamos mi hermana Ana y yo, con ellos al hotel Rosita de Puerto Vallarta. Mientras mi abuelo conducía ella nos contaba que, cuando era niña, su mayor anhelo era ser domadora de serpientes en un circo. Si supiera que yo estaré pisando la línea del ecuador, parado en el ombligo del mundo, a unos kilómetros del Amazonas, cumpliendo su sueño y enrollándome un pitón al cuello, como su zorro de afilados dientes y mirada vidriosa.
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Rodolfo Naró, Tequila, Jalisco, 1967. Poeta y narrador. Su novela El orden infinito, fue finalista del Premio Planeta 2006.
Swing Blazers´trío en directo
The Swing Blazers´trio, es decir
Luis Lozano en los teclados
Walter Fraza en voz y batería
Antonio Santos en voz y guitarra
tocarán mañana, jueves 29 de julio, en el Club Social de la urbanización Pino Alto de Valdemorillo.
Será entre las 10 y las 2 y se puede cenar y/o tomar una copa.
-Podrás disfrutar de su buen Swing, Rock&roll, Soul, Blues en una preciosa terraza con vistas al pantano.
-Ayudarás a consolidar la continuidad de este sitio como espacio de calidad con música en directo, de la que tanto adolece el panorama local.
La dirección completa es :
-parrilla- Club Pino Alto
av./ Cazadero Real 11
Urb. Pino Alto Valdemorillo (Madrid)
Se puede llegar por la M-600 en dirección a Valdemorillo, en la rotonda de acceso al pueblo tomar la M-510 en dirección Colmenarejo
A 2 Km escasos encontrareis una rotonda y a la derecha la Urbanización (si vinieseis desde Colmenarejo, la primera rotonda despues del pantano)
Continuar por la avenida que empieza en la entrada (av.Pino Alto), la 3ª a la izquierda es la c/ Cazadero Real.
Portland, la casa de los libios
por Juan Hoppichler

Todo empezó una noche en Chinatown. Yo volvía de madrugada al hotel cuando tres árabes me rodearon. Me preguntaron si tenía algunos dólares de mala manera, como si buscaran una contestación impropia como excusa para pegarme. Les dije que no, que yo mismo era un extranjero y que acababa de llegar. Al enterarse de que era español, su actitud cambió radicalmente y me dieron palmaditas en la espalda y chapurrearon algo así como “¿qué tal, amigo?”. Al día siguiente me invitaron a trasladarme a su casa en los suburbios. Llevo una semana perfectamente integrado en su garaje pagando una tercera parte que en el hotel (si bien ahora que les conozco mejor estoy convencido de que su primera intención conmigo era la de patearme).
Los suburbios son el escenario americano. Nos engañan en el cine al mostrarnos rascacielos y bulevares neoyorquinos. Estados Unidos es espacios sin densidad ni alma, carreteras y casas unifamiliares en condominios anudados entre sí por centros comerciales, terrenos para fast foods replicados cada pocas millas en torno a las autopistas y pasos a nivel e iglesias simplonas de variopintas escisiones protestantes. Aquí la ciudad no es fea, es inexistente.
En uno de esos territorios banales estoy ahora. Vivo a menos de una milla del centro comercial más próximo, pero es complicado ir andando: hay toda una compleja infraestructura de carreteras y vayas que convierten en una misión suicida intentarlo. Así que los libios me tienen que llevar en coche. Una vez allí, comemos basura, hacemos window shopping en tiendas de ropa deportiva y volvemos a casa a jugar con la Play Station (sobre todo al juego ese en el que eres un dealer que pega a las ancianitas por la calle)
Me llamó desde un principio la sensanción de seguridad que hay en estas zonas residenciales. Anoche entendí algo del porqué. Se me ocurrió salir a pasear y al ver un banco me senté. Como la noche era clara, me tumbé a mirar las estrellas. No pasaron ni cinco segundos cuando un coche se paró a mi lado. Un voz me espetó desde dentro que ése no era sitio para dormir. Al mirar vi cinco tipos con pinta de delincuentes algo sobrados de sustancias. El que me había hablado me enseñó una placa. Eran pues un tipo de calaña distinta de lo que me habían parecido al principio. Cuando les dije que lo sabía, que sólo estaba descansando notaron que era extranjero y me pidieron la documentación sin que pudiera terminar mi explicación. Sólo llevaba en DNI. Al principio me dijeron que no les valía, eran realmente chulescos. Sólo me dejaron en paz cuando les solté que era european student y que estaba en una host family (supongo, claro, que imaginaba una familiar blanca feliz y piadosa, no a mis tres libios) – En fin, que ahora sé que estos suburbios son tan idílicamente seguros: porque tienen perros que se encargan de amedrentar a quien no es de allí.
Y dale con el amor
Por el hombre que no comía chucrut
(Nota de Proscritos: esto es un comentario al artículo Tirando piedras contra mi tejado. Nos ha parecido tan bueno y revelador, que lo hemos ascendido a la categoría de artículo, para que quienes se lo perdieran entonces, puedan leerlo ahora )
Imagen: 100musicalFootsteps

una cosa es la dimensión social del amor (y sus ministerios)
y otra diferente es la verdad que se oculta
en esa habitación con vistas que es la pareja.
porque el amor,
como casi todas las narraciones,
se rige, de un modo u otro, por el esquema “principio-nudo-desenlace”.
están los amores cuento,
los amores relato corto,
o las largas novelas decimonónicas.
están los amores james joyce,
delirantes y complejos.
los amores raymond chandler,
brutales y trepidantes como un balazo preciso.
o los amores perez reverte,
previsibles, coñazos y mal narrados.
yo quisiera vivir un amor “detectives salvajes”:
intenso y furioso a lo largo de casi mil páginas.
pero eso no está en mi mano,
eso, en algún caso, es una decisión del universo.
pero volvamos al affaire “tirando piedras…”.
cuando el amor en la pareja se vienen abajo,
o bien se culpa al otro
(por algo que ninguno de los dos ha elegido: el hundimiento de los afectos),
o bien uno se retira con dignidad
y asume que ahí fuera sigue latiendo la vida.
una retirada a tiempo, lo dice el saber popular, evita muchas víctimas.
sea como sea,
el amor nunca es una imposición.
en algún caso es un diálogo.
en la pareja puede que uno sea más brújula que el otro,
que uno de los dos tenga más claro el gps vital,
pero siempre se trata de un diálgo,
de un quid pro quo,
de un proceso de convergencia.
de lo contrario, mal vamos.
de lo contrario,
el amor se convierte en un campo de trincheras.
y ya se sabe que en estado de guerra
ni una erección es tan ciclópea
ni una vagina está tan húmeda y dispuesta.
y si hemos llegado a ese estado, amigo,
no hay auditoría emocional que nos salve.
Anotaciones dispersas en el diario de un Rodríguez del Siglo XXI. Barrio de Salamanca. La coleta

Miguel Pérez de Lema
Le llega a uno, ahora, el trance de aceptar un trabajillo de media jornada en el Barrio de Salamanca. A uno, que se ha hecho fiel a su pequeño territorio, a su milla acre y cañí entre Antón Martín y el Paseo del Prado, y que rara vez se aventura de Cibeles arriba, le toca ahora calcular el barrio de las marquesas, las chachas, los niños bien, las tiendas de lujo y los ricos de toda la puta vida.
Autobuseo y camino a fondo estos días el barrio de Salamanca, y me quedo con el código de la coleta. El barrio de Salamanca se explica y permanece en la presión de una coleta femenina.
La coleta es una categoría moral, de clase, una cosa muy seria, la coleta. La niña rubia y su coleta, la chica de COU y su coleta, la mamá, la abuela.
Coleta monjil y utilitaria. Ríspida coleta.
¿Con quién se sueltan estas tías la coleta?
Y el zapatito plano.
Van preparadas para la invisibilidad. Sin edad. Sin sexo. Con coleta.
Igual en su casa son unas geishas, pero lo dudo. ¡Y esas facciones endurecidas por el gesto de un leve desprecio!
Como si el universo entero fuera un trabajo de su chica de servicio al que deben poner rictus de “no es suficiente”.
¿Cómo se diferencia tanto, siendo igual, esta coleta de la señora de la coleta de la chica de servicio?
En el color.
La coleta negra, azabache brillante de las razas del sur. Ese moreno prohibido para las señoras.
Una señora, por definición, tira a lo rubio, como los ángeles. Por eso no tienen sexo.
por Marisol Oviaño
A/A Señorita Aído
Me ofrezco como asesora para su Ministerio completamente gratis.
Aunque mi economía está para pocas fiestas (¡quién pillara su sueldo seguro!), pagaré con el sudor de mi frente el gasoil que gaste mi coche en los sesenta kilómetros que tendré que hacer cada vez que tenga que ir a asesorarla. España bien vale ese pequeño sacrificio individual.
Según tengo entendido, nunca ha tenido un trabajo de verdad.
Tampoco tiene hijos: lo ignora todo sobre la maternidad.
Y, después de la última propuesta que ha salido de su brillante Ministerio, empiezo a preguntarme si alguna vez ha echado un polvo.
Ahora va a acabar con las mafias de prostitución prohibiendo los anuncios de putas en los periódicos.
Joder ¿cómo no se le ha ocurrido a nadie antes?
A/A Prensa
Esta iluminada amenaza vuestra supervivencia y seguís dándole cancha (¿os han prometido subvenciones?). Ayer salió en todos los medios que una red de prostitución había sido desmantelada porque copaba el 50% de los anuncios de contactos. Caray, debía ser la Microsoft de las putas. Y todas las ignorantes y todos los meapilas de este país respiraron aliviados.
A ver cuándo un periódico o una televisión manda a alguna de sus estrellas mediáticas a seguir la pista a estos titulares. ¿Por qué las noticias acaban ahí?¿Por qué la prensa no sigue investigando?¿Por qué no se publica en qué quedan esas detenciones?¿Por qué nunca leemos un titular contando como acaba la historia? “Desmantelada una red de prostitución que, a las 24 horas ha vuelto a mantelarse”. Con la droga hacéis lo mismo: “Se han incautado no sé cuántos kilos de hachís/cocaína, etc” Y ahí acaba la noticia. Nunca contáis la verdad: que el mercado sigue funcionando por una básica ley de la oferta y la demanda que cualquier niño de teta puede entender.
No existen las prostitutas porque haya mafias. Ni hay drogas porque haya narcos muy malos que reparten caramelos con droga a las puertas de los colegios. Existen las mafias porque no se regulan ni la prostitución ni el tráfico de drogas.
(Aído, si quieres acabar con las mafias de prostitución, diles a los proxenetas que tienen que pagar 400 euros de SS por cada chica, que tienen que hacer la declaración trimestral de IVA y proporionarles un seguro a cada una para que no colapsen la SS con las revisiones médicas que, por su profesión, deben hacerse con más frecuencia que los demás mortales.
Y entonces me creeré que está usted al servicio del pueblo.
Que es el que acude a buscar los servicios de estas mujeres.
Creo que incluso algunos de sus compañeros de filas lo hacen.
Lo dicho: que la asesoro gratis)
A/A putas autónomas
Chicas, la cosa se pone fea y hay que buscar nuevas maneras de anunciarse.
- Redacción y publicación en este medio de artículo individual con foto y datos de contacto por 1000 euros al año.
Interesadas, contactar en: informacion@proscritos.com







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