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Chocolate

21Feb10

por Rodolfo Naró
Fotografía en contexto original: hotel president
chocolate2.-172-1

De la noche a la mañana me hice fanático del chocolate. Cuando era niño me gustaba el Carlos V, pero no era un placer que llegara a preocupar demasiado, comía uno o dos a la semana. Tenía muchos amigos y mi casa siempre estaba llena de gente: mis hermanos, primos que nos visitaban de Guadalajara, compañeros del colegio. Años después dejé de comerlos. Sólo de vez en cuando compraba un Kiss de Hershey o un Ferrero. Cuidadosamente descubría su silueta esférica y un instante después desaparecía en mi boca. Luego vino una larga temporada de grandes amigos y cero calorías. Sin remordimientos podía resistirme a cualquier postre, incluso a los que hace mi tía Chata cada jueves que como en su casa. Siendo su cocina un mundo aparte, donde ella misma prepara la mermelada, el helado de mango, ate de guayaba, o dulce de leche. Siempre que me ofrecía el postre yo me resistía a aceptarlo, no era tanto por guardar la línea, sino que el dulce me empalagaba al tercer bocado, situación que me trajo muchos problemas con Marisa, mi novia por ese entonces, pues al pedirme compartir la tarta de manzana con helado de vainilla, o el pay de fresa, o un tiramisu, yo apenas pellizcaba una esquinita y ella tenía que comérselo casi completo, sola saborear la culpa.

He comenzado este año, haciendo un balance del pasado, lo que fue y lo que pudo haber sido. Revalorando amistades. La mirada del otro sobre uno y su circunstancia. El consejo de aquellos que conociéndome, opinan y debaten conmigo sobre mis decisiones, siempre me ha parecido fundamental. Pero la edad pasa factura. Así como esta Ciudad de México, sus distancias y horarios tan complicados hacen que uno se aísle, que sólo pueda frecuentar a los amigos por teléfono, encontrarse con ellos una vez al mes, o verlos a diario en Facebook, enterarse que ya les nació un nuevo hijo o que ya desmontaron la exposición que no me dio tiempo de visitar. Quizá por eso en los últimos años he recurrido al chocolate, libera endorfinas que nos dan sensación de placidez, la seguridad que nos brinda el abrazo de un amigo o la holgura ensoñación del sexo.

Ahora devoro postres y anhelos. Me encanta el creme brulee o una barra de Crunch o Toblerone oscuro acompañada con una taza de café. No tengo marca favorita, aunque prefiero los que tienen leche y almendras. Soy racista, no me gusta el chocolate blanco. Adoro el alfajor de Buenos Aires o el chocolate en rama de la Bombonella. Los brawnies que prepara Ana Cecilia, mi hermana y guardo en mi memoria gustativa un especial recuerdo de las galletas que hace María, su hija. Me he vuelto un glotón de las paletas Magnum y no me resisto a los vivos colores de los M&M, son como pastillas de la eterna infancia. Tal vez porque el círculo se ha ido cerrando en los últimos años y los amigos, como la leche, se han evaporado a fuego lento, me he refugiado en una barra de Lindt con ralladura de naranja o en una simple chocolatina de El Globo. Así como para el que sale de la oficina a fumarse un cigarrito en mitad de la calle, el chocolate se ha convertido en un compañero que, además de alimentar, sigue conmigo en este viaje.

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Rodolfo Naró, Tequila, Jalisco, 1967. Poeta y narrador. Su novela El orden infinito, fue finalista del Premio Planeta 2006.

Miguel Pérez de Lema

Me gustan las analogías entre diferentes épocas históricas. Son la forma más sencilla, gráfica y sabia, de estudiarnos, de distanciarnos del presente y de vernos tal cual somos: poca cosa, y además, repetitiva.

Es el viejo asunto del eterno retorno, o tal vez, en el mejor de los casos, una evolución en espiral porque sería cínico no reconocer que en cada revuelta del tiempo el hombre ha subido un pequeño escalón. Que ha inventado la penicilina.

Veo claras tres analogías con nuestra época, y las tres se refieren a tiempos decadentes: el fin de Roma, el barroco español, y el crack del 29.

Si una universidad o alguna fundación me pagara el trabajo, yo haría un libro maravilloso y divertido desarrollando esta tesis.

Hablaría de esas reuniones de augures (iguales a nuestros economistas), a puerta cerrada, donde destripaban un pájaro y salían a proclamar un negro augurio, y de la certeza de que se avecinaba el final cuando el pueblo, en orgía permanente, ya no atendía a sus augures, por ejemplo.

Y de los territorios llamados al interior del imperio para producir lo que los ciudadanos ya no querían producir, y de los bárbaros que entraron a cubrir los cupos del ejército, de forma que cuando vinieron los últimos bárbaros ya no había sino quien les abriera las puertas.

Pero hablaría también de la confusión del barroco, del juego de apariencias que centrifuga cualquier mensaje e impide tener una visión clara de qué esta pasando, en un intento vano de que no pase nada, de que sea el caos el que mantenga el orden.

Del oxímoron como forma de vida.

Hablaría de la conciencia de mundo finito y conectado, geográfica y económicamente. Y del masoquismo y el deseo de punición para alcanzar la salvación, entre muchas otras cosas.

Y explicaría el loco tobogán de los veinte por el que se deslizó el mundo, el espejismo del dinero fácil y el lucro delirante de la compra y venta de valores que no valían nada. Valores virtuales.

Evidentemente, nadie me va a pagar la investigación. Pero no importa, la llevo dentro y la ojeo para mí mismo.

Me parece peor el caso de Niño Becerra, que publicó en 2006 su profecía sobre el crack de 2010, y sólo ahora -que ya no importa ni sirve para nada- lo sacan por la tele.

Y lo sacan a las nueve de la mañana, no sea que la gente lo vaya a ver.

(Parte 1 de 3)
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Punto y aparte

18Feb10

Marisol Oviaño
Fotografía en contexto original: aromaterapia
masaje

Hoy he tomado un par de decisiones de ésas que me cuestan canas.
Todas las señales del camino apuntan en la misma dirección. Tardaré un par de años en saber las consecuencias que tendrán en nuestra vida: en este circo, donde vaya la directora de pista irán los cachorros de león y los trapecistas.

Ahora que los niños duermen, proceso todas las emociones del día con un whisky y un cigarro que humea a mi lado. Tengo los hombros cargadísimos, necesito un masaje. O mejor, unas vacaciones.

Unos díitas sin responsabilidades.
Sin recibos devueltos, sin desayunos, comidas y cenas, sin mediar en agotadoras peleas de adolescentes, sin ropa sucia en el cesto, sin ropa limpia que planchar, sin malas notas, sin libros que corregir, sin clases que dar, sin blogs que moderar, sin artículos que escribir, sin gestiones que resolver…
Unos díitas en los que no ser cliente, ni cocinera, ni juez, ni asistenta, ni educadora, ni correctora, ni profesora, ni editora, ni escritora, ni secretaria…
Unos díitas con algún hombre guapo que me quite sin prisa la herrumbre que la batalla ha dejado en mi cuerpo.
Unos díitas para dar sólo lo mejor de mí a quien sólo me quiera dar lo mejor de sí.
Escapar un rato de esta trinchera

Ser, durante un paréntesis, sólo mujer.
Fantasías.
De sobra sé que mañana despertaré a renglón seguido.

Cuanto mayor sea la dificultad, mayor será la gloria.
Aquí os dejo este precioso y emotivo cortometraje.
No os dejéis derrotar.

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Por hija de cristalero

No sé cuántos de vosotros habréis apagado las luces y habréis estado, como mis hijos y yo, sentados en la cocina con una vela.
No ha sido un sacrificio tan grande, los cinco minutos han pasado rápidos mientras me echaba unas risas con mi hija.

Lo malo de este tipo de acciones es que son puntuales y a día de hoy no se ha comprobado que sirvan para nada. Por eso unas veces reenviamos la convocatoria a nuestros amigos y apagamos la luz, el móvil, o lo que nos hayan sugerido, y otras, las ignoramos. Y por esa razón los enemigos contra los que luchamos, esos que nos tienen estrangulados, nos ignoran.

Por eso los políticos siguen creyendo que nos interesan sus ideologías.
Sus caras.
Su casta.
Demostramos una y otra vez ser un pueblo sin disciplina ni para pedir que dejen de asfixiarle.

Estoy segura de que habrá habido personas que, como yo, habrán bajado los plomos de su casa cinco minutos. Dos, tres, cien, mil. No lo sé. No sé cuántas personas recibieron la convocatoria antes que yo. Yo sólo he sido correa de transmisión. Yo ni siquiera voto en las elecciones. Y estoy segura de que esta noche ha apagado la luz gente que vota al PSOE, al PP, a IU a UpD, etc… ¿De quién partió la idea? No lo sé. Es una idea de todos porque todos la sufrimos. Por eso cualquiera puede hacer propuestas sin salir en la tele, sin gastarse dinero público, sin asesores de imagen, sin coches oficiales, sin dependencias oficiales, sin cenas oficiales, sin guardaespaldas, sin miedo a perder las elecciones.

Y como cualquiera puede proponer, y como no necesito que me votes en unas elecciones ni tengo que pedir a los bancos dinero para carteles; como ni siquiera tengo nombre, te propongo que apaguemos la luz cinco minutos todos los 15 de cada mes.

Exijamos que, cuando nuestras protestas empiecen a hacer mella en sus cuentas, rebajen el sueldo de quienes tienen sueldos con muchos ceros. Y el de los liberados de los sindicatos.
Tal vez entonces, muchos de los que hoy se ríen de nosotros, pongan sus barbas a remojar.

A LAS 22:00 DURANTE CINCO MINUTOS, PARA PROTESTAR POR LAS TARIFAS DE ELECTRICIDAD

511

Miguel Pérez de Lema

Las mujeres sonríen. Los hombres, no.

Observad al atildado hombre joven de la segunda fila. ¡No le llega la camisa al cuerpo!. Es la escena eterna en casa de “los padres de ella”.

Por mucho tiempo que pase, por más amables que se muestren con él, el hombre joven sabe que será siempre un extraño en esta casa.

Y ved al bebé en los brazos del anciano, la esperanza blanca, sonrisa del futuro sobre la negra resignación del anciano de boca amarga y mirada claudicante -ninguna razón para sonreír-.

Este hijo de la joven pareja es, también, la bola de hierro encadenada al tobillo del joven atildado, el asesinato de su juventud, su cadena perpetua. Y así, sucesivamente.

Bienvenido a la familia, muchacho.

Las mujeres sonríen. Los hombres, no.

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Esta imagen pertenece al proyecto Look at me -www.moderna.org/lookatme-, una colección de fotografías de personajes anónimos de todo el mundo que fueron perdidas o tiradas y han sido encontradas o recogidas por Frederic Bonn.

por Robert Lozinski
Fotografía en contexto original: proyectomatriz
11s

Cuando era niño y acaba de ver una película algo violenta, me molaba practicar lo que me había enseñado. Hua, hua, puñetazos y patadas, pum, pum, disparos con los dedos doblados imitando una pistola. Por suerte, cuando mi padre llegaba más temprano del trabajo, desenchufaba la tele y me preguntaba si no tenía cosas más importantes que hacer. Más útiles. Estoy harto de tanta tele, decía, quiero verte con un libro en las manos. Y no había remedio. Menos mal que tenía casi siempre por ahí alguno empezado y podía continuar leyéndolo.

Mi hijo también se lo pasa bomba viendo dibujos o pelis con monstruos que envían sobre sus adversarios torbellinos de fuego que acompañan con terribles gritos de guerra. Pum, pam, plaf, bum y el peque disfruta a tope, vamos. Luego se me acerca por la espalda y me aplica un tortazo silencioso, porque se lo pide el cuerpo. Se lo devuelvo, en plan broma y suavemente, y le explico que en la vida real, si das, te pueden dar y puede correr sangre de verdad.

Hace días un chico de unos 13 o 14 años apuñaló a otra persona, porque así lo había visto en alguna pantalla. Jugando un poco a matar, a ver qué pasa. Vivía con una pariente suya porque sus padres se fueron al extranjero a buscarse la vida. Eso sí, le enviaban dinero para que no le faltase nada.
¿Nada?

Hoy en el gran centro comercial de mi barrio es otra vez fiesta. Acaban de estrenar otra película muy de moda. La gente va saliendo de la sala y otra cola se ha formado para entrar. Los que salen, flipan de emoción. ¿Has visto qué efectos, qué cohetes y qué fogonazos? ¡Y el combate aéreo, qué brutal, madre mía!

Nadie toca el tema del mensaje positivo: alguien salvó a alguien, el bien de nuevo ganó la batalla al mal. Se han parado en la mitad del camino de este original proceso educativo. Lo mismo debió de ocurrirle al chico asesino; no se enteró. O no tuvo a mano a nadie que le dijera “mira, chaval, hay que quitarse las gafas especiales al salir de la sala. Que el mundo que nos rodea es 3D porque así lo hizo la madre que le parió. Que el avión cojonudo que sale de la pantalla es de verdad y tiene a bordo dos terroristas suicidas, entrenados para hacerlo estrellarse contra el piso donde vives”.

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Robert Lozinski es autor de La ruleta chechena

sobre el amor

13Feb10

por Marisol Oviaño
Imagen en contexto original: trucospc
corazones san valentin

A veces me preguntan si he “encontrado” pareja, como si yo estuviera participando en algún tipo de búsqueda.
A los demás les cuesta entender, e incluso creer, que me guste estar sola con mis hijos.
Tu vida sería mucho más fácil si hubiera un hombre a tu lado, suelen decirme como argumento irrebatible.

Pero si yo hubiera querido una vida fácil, habría preparado unas oposiciones.
Y además, quienes afirman que hombre=seguridad, parecen olvidar que, si no hubiera tenido la lucidez de cortar las amarras que me ataban al hombre con el que estuve casada catorce años, nos habría arrastrado a todos al infierno en el que él habita. Y mi vida sería hoy infinitamente más difícil.

Las circunstancias me han arrojado a una libertad para la que tenía una predisposición innata y, aunque a los otros les resulte doloroso aceptarlo, no me siento incompleta. Aunque intenten convencerme una y otra vez de que debería ser desgraciada, soy feliz. Entiendo que mi actitud les asuste- hasta a mí me asustan mis conclusiones-, porque se traduce en que los hombres, una vez que han cumplido con la función reproductiva, dejan de ser necesarios.

Y no estoy diciendo con esto que deberíamos prescindir de los hombres (yo misma soy madre de uno), sino que tendríamos que buscar nuevas formas de crecer juntos.

Breve

13Feb10

vida

La vida sólo es la huella que dejarás a tu muerte.


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Untitled Document La Isla

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Libro Seduciendo a Dios

 

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