Chinismo

06feb12


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elpais


Miguel Pérez de Lema

No recuerdo bien cuándo empecé a hablar del “chinismo”. Digamos que hace algo más de 10 años. ¡Vamos de cabeza al Chinismo!, decía yo a quien quería escucharme. Un agorero, un tío cenizo, un plasta, es lo que era. Y claro, nadie me hacía caso.

De esa época recuerdo una discusión con una persona que vivía en el mejor de los mundos posibles y celebraba cada segundo la dicha de haberse conocido, a la que traté de explicar lo inevitable: ¿no oyes el galope del chinismo? ¿no comprendes que todo lo que nos han contado es mentira y que estamos mucho peor que la generación de nuestros padres? ¿no te preocupa que los que vienen detrás no van a tener ni dónde caerse muertos?

Pues no, no lo veía y por tanto no le preocupaba. Y me negó todas mis hipótesis. Lo que me marcó, y por eso aun lo recuerdo, fue que, sobre no comprender mi aviso, aquella persona -que vivía “del presupuesto” y contaba con balas infinitas-me culpó a mi de estar distorsionando la realidad. “Porque a tí no te marchen bien los negocios, no quieras amargarnos a los demás”, vino a decirme. Y concluyó afirmando que la mejora y el progreso de una generación a la otra eran una constante indiscutible, como la gravitación universal.

Por ese tiempo empecé a trabajar para una multinacional donde ya se había producido una curiosa división del trabajo, con dos castas. La de los fijos vivía en el primer mundo. La otra, en el limbo alegal de la precariedad. Éstos últimos trabajaban de correturnos, sin contrato, produciendo enloquecidamente a destajo y, quizá simbólicamente, los ubicaban en una larga tabla corrida, frente a la pared, lejos de la luz de las ventanas, con ordenadores viejos que fallaban, y sillas desportilladas. A ese lugar, los fijos lo llamaban “el banco chino”, y reían.

Algo después, en la barbería del barrio, asistí a una discusión entre mi peluquero y otro cliente, sobre la eclosión de los “Todo a cien”, que en ese momento se hicieron en un abrir y cerrar de ojos rasgados con la mayoría de los locales comerciales del centro. El cliente, dueño de una pequeña tienda, se mostraba un poco alarmado por la nueva competencia. El peluquero, por el contrario, estaba feliz de poder comprar en la nueva tienda de enfrente casi todo lo que necesitaba para su hogar y su negocio, y a unos precios de locura. En ese momento no pude evitar intervenir, con mi boca de chancla, “eso está muy bien, pero vendré a preguntarte tu opinión el día que abran al lado del “Todo a cien”, una peluquería china” -advertí-.

Hoy, el hombre encantado de conocerse tiene problemas, “el presupuesto” hace aguas y ve cómo van diezmando periódicamente a sus compañeros, pero él no es lo suficientemente viejo para que lo prejubilen. La multinacional ha sido vendida a otra multinacional aun más grande y más cosmodemónica. Y yo acabo de cortarme el pelo en una de esas nuevas peluquerías chinas con “final feliz”.


2 comentarios a “Chinismo”  

  1. 1 pepe

    Ni hao ma. Hola, hola. Primera lección de mandarín. No, en serio, esto ya se veía venir y la verdad es que nos lo merecemos. Todos compramos basura china que se rompe según sales de la tienda, pero como ha sido tan barato, no protestamos y nos lo comemos para volver a comprarlo. También hay que reconocerles una cierta superioridad en cuanto a espíritu de sacrificio y mentalidad trabajadora. Aquí en occidente nos hemos dedicado a acomodarnos entre los algodones del estado del bienestar, mientras que para el resto de la humanidad trabajar 14 horas para ganarse un dolar es lo normal y hasta una suerte. La única solución que se me ocurre sería exportarles el modelo europeo en cuanto a derechos civiles, laborales y humanos. Creo que según se vaya desarrollando su clase media aspirarán a mas libertad y bienestar aunque sea una lucha de decadas, en Europa se tardó un siglo y costó muchos muertos. Mientras tanto, a aprender mandarín tocan.

  2. 2 Marisol

    Doy fe de los años que llevas hablando del chinismo.
    Yo tengo la solución a dos problemas: la subvención a los sindicatos y la competencia desleal de China: ¡exportemos liberados sindicales al gigante asiático!

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