por Tímido Celador

Todos los años, días antes de la fiesta de verano, el director advierte al Guru de que no quiere música en directo.

- Esta gente necesita una catarsis- me dice para explicar por qué todos los años pasa del director.

Siempre se sale con la suya: llama a viejas glorias del rocanrol, monta un concierto no autorizado y los internos acaban bailando como posesos, o desgañitándose al micrófono como si no hubiera mañana.

Charlie lo graba todo con su móvil.

- Es mi jubilación- dice enseñándome el video que tiene guardado de la última fiesta- ¿Tú has visto qué dinosaurios? Cuando la palmen todos, valdrá una pasta.

Este verano el director no ha puesto muchas pegas: el concierto saldrá en el documental de Laura, será la apoteosis final. El jardín bulle de gente que hace pruebas de sonido y de tipos que miden la luz. El Guru es el dios sol en todo esto.

Carlota y yo contemplamos este despliegue de actividad en silencio. Este universo es tan ajeno a nosotros, que no podemos evitar sentirnos hermanados en nuestra mediocridad. Ella mira al Guru a través de la cortina de humo de su cigarro, yo la miro de reojo y me entran ganas de preguntarle si está enamorada de él.

- Bueno, pronto volverán las aguas a su cauce- suspira dando una calada.
- ¿Qué quieres decir?
- Que la Ninfulana se irá por donde ha venido: ya tiene lo que quiere.
- Laura no es así- me apresuro a replicar.
- ¿Así cómo?
- Interesada. No hace las cosas por interés.
- No, claro que no. Yo no he dicho eso. Pero está claro que ella es una mujer que necesita aprender. Y él ya le ha enseñado todo lo que ella necesitaba saber para seguir volando por su cuenta. Ya tiene el documental, ya tiene los contactos, ya sabe cómo se hace…- da una última calada y apaga el cigarro-. Es ley de vida.

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2 comentarios a “El guru y otras hierbas, 59”  

  1. 1 Mrs. Nancy Botwin

    Después de un mes en blanco, vuelve a las armas mi querido Gurú.
    Besos de eterna aprendiz.

  2. 2 aurora boreal

    Sí. Se te echaba de menos, pequeño cabroncete.

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