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El pelo,
como la ropa,
nos ayuda a esconder nuestro verdadero yo.

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Puede disimular defectos,
acentuar virtudes

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y
sobre todo,
desviar la atención de lo que dicen nuestros ojos.

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Ver cómo el pelo va cayendo
poco
a
poco
es una experiencia casi religiosa.
Nos ayuda a comprender que estamos agazapados bajo nuestra apariencia.

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Y que,
sin ella,
sólo somos
esa mirada.
Esa verdad desnuda.


5 comentarios a “Todos deberíamos hacerlo alguna vez”  

  1. 1 Miguelón

    Suscribo al 100% la “catarsis del pelao”, (Para mí fue un auténtico punto de inflexión despues de doce anhos parapetado tras una melena), aún contraviniendo a mi abuela que siempre decía “donde hay pelo hay alegría”.

  2. 2 Marisol

    Yo lo he hecho alguna vez. A veces hay que salir de detrás de la melena y dejar que el viento nos acaricie TODA la cabeza.

  3. 3 Miguelón

    …y redescubrir la cabeza y el cogote como zonas erógenas, grgrgrrr……………..

  4. 4 nidiosniamo

    Y todo el mundo te toca la cabeza.
    Y cuando el pelo empieza a crecer dejan de tocártela.
    Y casi como que agradeces que te dejen en paz, y vuelves a dejártelo largo.
    Pero es una experiencia agradable.

  5. 5 susana

    Que no nos rapen nunca la mirada.¿hay algo mas erótico que unos ojos sobre otros?.Susana ( una mujer argentina)

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