Feliz Año
por Marisol Oviaño

No quiero comenzar 2009 hablando de muertos, ni bombardeos, ni crisis, ni hambre, ni Apocalipsis.
Quiero empezar el año hablando de mi aspiradora.
Cris me regaló unas jarapas para las habitaciones de los niños hace unos meses.
Yo me resistía a la idea. Aunque me gusta el efecto decorativo de una alfombra, nunca he querido tenerlas en mi casa porque detesto todo lo que dificulte la tarea de limpiar, el verbo más desagradecido del mundo. Cuando de niña cuando me tocaba barrer después de comer, imaginaba un futuro en el que los muebles levitaran y no necesitaran patas. O mejor, un universo futurista de casas llenas de libros que se limpiaran solas.
Pero este invierno prometía ser duro, y las jarapas nos venían muy bien, para que mis hijos no se convirtieran en estatuas de cristal al bajar los pies al suelo cada mañana.
Hace años, si la lavadora pasaba a mejor vida, tardaba menos de tres horas en comprar una nueva sin molestarme en consultar la cuenta del banco.
Ahora, cada bombilla que se funde repercute en el presupuesto mensual, no podía permitirme el lujo de comprar una aspiradora.
Tras varios meses pidiendo aspiradoras prestadas y barriendo las jarapas como podía, ayer, por fin, compré una.
Pasé un buen rato eligiéndola, me leí las características de todas ellas, comparé precios. Y cuando llegué a casa, abrí la caja como un niño el día de reyes, me leí las instrucciones, la monté con cuidado y acabé lo que tenía que hacer para poder disfrutar de mi nuevo ingenio tranquilamente. Debí sentir hacia ella algo parecido a lo que debió sentir mi madre con su primera lavadora: un agradecimiento infinito. Estuve toda la tarde aspirando, después vacié el depósito, limpié los filtros, y le busqué un lugar en la terraza de la cocina.
Los niños habían ido a pasar el día con su abuela y, en cuanto llegaron les conté la buena nueva: ¡ya tenemos aspiradora! A los dos les entusiasmó la noticia y a ambos se les ocurrieron cosas que tenían que aspirar de inmediato. ¡Es como la de los anuncios! (Todas eran como las de los anuncios, pero ellos están en edad de creer que si en tu casa hay algo que se parece a un anuncio, acabarás teniendo una vida Kinder). Y la aspiradora fue admirada, alabada y admitida como un miembro más de la familia.
Cuando al fin me quedé a solas frente al fuego, no puede dejar de pensar que, cuando lo teníamos todo, no habrían demostrado tanta emoción si hubiéramos cambiado de coche. Que ahora apreciamos mucho más cada pequeño logro. Que ahora valoramos mucho más cada cosa que tenemos.
Cuando este artículo se cuelgue solito, estaré abrazando a mis hijos, a Cris, a Jose, a Nico… deseándoles lo mejor para el 2009.
En nombre de todos los proscritos: Feliz Año Nuevo.



Sin comentarios a “Feliz Año”
Por favor espera
Deja una respuesta