calles oscuras de Hollywood
por Juan Hopplicher
Miento.
No todo en Hollywood Boulevard es miseria y destrucción. También hay gente hermosa que sonríe.
A unos cien metros del tugurio depresivo donde habito hay un albergue juvenil que exhibe alegría y éter sexual. A veces, cuando paso delante, las ninfas mochileras que reposan la fiesta de anoche me sonríen. Podría mudarme hoy mismo y transformaría mi vida en Los Ángeles. Tendría amigos surferos y una novia holandesa rastafari.
Y sin embargo.
Prefiero moverme entre los deshechos.
¿De dónde viene está inclinación por el sufrimiento?¿esta obsesión por encontrar autenticidad sólo en la podredumbre?¿por qué si viviera feliz entre triunfadores y chicas guapas me sentiría culpable?
Mi padre era marxista leninista y mi madre católica. Supongo que eso pesa. Pero hay algo más-autoflagelación por no haber pasado nunca hambre, fascinación por los caídos.
Lo que sea, me lleva, a veces, demasiado abajo.
Pequeñas victorias
Me temo que la Comandante Inar de Solange seguirá mucho tiempo entre nosotros.
El otro día recibí un correo de Pedro Ruiz Pérez, catedrático en la facultad de Filología de Córdoba, en el que me decía que este año va a dar clase a 1º y que Seduciendo a dios y Proscritos están en el programa del segundo cuatrimestre.
Estaba sola en casa cuando leí la noticia, y necesitaba compartirla con alguien. Llamé al hombre en la sombra, mi compinche editorial, que flipó- flipar es el verbo- tanto o más que yo.
Cuando hace más de cinco años leímos las primeras líneas de lo que más tarde sería Seduciendo a dios , él dijo emocionado: aquí hay un discurso propio. Todos los que trabajamos en la creación de Inar sabíamos que era un personaje muy potente. La soltamos en la Red sin saber muy bien quién era ni qué iba a suceder, y los miles de internautas que hablaron con ella le fueron dando una entidad. Aquellas conversaciones en el Messenger iluminaban de algún modo a la Comandante, que se convirtió en una fuente inagotable de frases demoledoras. Recuerdo que un día pedimos a un selecto grupito de lectores que trajeran su selección de frases favoritas, para que nos ayudaran a decidir cuáles escogeríamos para un video. Cada uno había elegido una cosa distinta: entre todos habían subrayado todo el libro.
Cuando Seduciendo a dios salió al cibermundo en forma de PDF y al mundo real en formato físico (de venta en la página de nuestra editorial), muchos lectores nos escribían para felicitarnos. Algunos, los más osados, cruzaron las dos puertas que hay en el libro y escribieron a la Comandante ¿Existes? Al hombre en la sombra no le quedó más remedio que admitir que habíamos creado algo que había tomado vida propia, algo que era más grande que nosotros.
La Comandante, que siempre se supo inmortal, desembarca ahora en la Universidad.
Y en su Ejército del Futuro no sólo van los cientos de personas que participaron en Seduciendo a dios .
También van todos los proscritos.
Los que hacen posible esta web: escritores, informáticos, amigos, familia y mecenas desinteresados.
Y quienes lo leen, lo reenvían o lo comentan.
Cuando Proscritos nació en la red, no sabíamos cómo saldría la cosa, ninguno teníamos experiencia en Internet.Cuando cinco años más tarde nos pusimos a las órdenes de la Comandante, no sabíamos qué estábamos haciendo ni a dónde nos llevaría aquello. Aunque siempre intuimos que sería lejos.
Y lento.
Todavía hoy no sabemos cuál será el siguiente puerto ni cuántos quedan.
Pero bendito viaje.
El oro de Kolchak
El 7 de febrero de 1920 los bolcheviques fusilaron al Almirante de la Flota Imperial Rusa Alexandr Vasilievichi Kolchak. Una de sus misiones fue salvaguardar una parte de la Reserva de Oro del Imperio, más de 500 toneladas en lingotes, monedas, joyas y piezas de orfebrería.
Miró a la muerte de frente, rechazando la ignominiosa propuesta de vendarse los ojos. Así nos lo muestra la producción cinematográfica “Admiral” (2008) y así lo atestiguan todas las fuentes históricas que hablan de la vida de este oficial en el ejército del último Zar Nicolás II. Tampoco aceptó huir disfrazado de oficial checo. No había instruido así a sus soldados, cadetes y marines.
Mantenerse lúcido en aquellas circunstancias era casi imposible. En Rusia se llevaba a cabo un experimento cruel de transformación de la persona en un ser diferente y atípico, representante de una nueva ideología que nadie entendía, rehén de un sistema totalitario, injusto, aberrante. La pregunta que se hacían en el interior y fuera del país era ¿qué está ocurriendo y cuál es el camino a seguir?
¿Por qué el Almirante no huyó con el tesoro al extranjero? A Francia o Inglaterra, por ejemplo, países aliados en aquel momento. Hubiera podido fundar un banco, hacerse fabulosamente rico y disfrutar de la vida rodeado de luces, copas de champán y hermosas mujeres. Lo tuvo tan al alcance de la mano… Dicen que eso hizo el Jefe de Finanzas de la Legión Checa, encargada de la defensa del “tren de oro” en su ruta por el Transiberiano: de vuelta en su país abrió un banco, poniendo así las bases del ulterior desarrollo económico de Checoslovaquia. A lo mejor los que afirman tal cosa son ultranacionalistas propensos a todo tipo de exageraciones. Lo cierto es que con traición se pueden hacer grandes riquezas, y cuanto más innoble es la traición, tanto más grande es la prosperidad de quien la comete.
Alexandr Vasilievichi Kolchak comenzó su carrera como oficial en el crucero “Rurik”. En los ratos libres de la expedición hacia Vladivostok, estudiaba hidrología y oceanografía, empezó a aprender el chino y analizaba, lápiz sobre papel, el desarrollo de las batallas navales más importantes que tuvieron lugar a lo largo de la historia. Atento, autodidacta y siempre observador de la naturaleza humana.
A los 30 años, durante el sitio de Port-Artur (Guerra Ruso-Japonesa) hundía el Crucero Japonés “Takasago”, atrayéndolo a unas aguas sembradas de minas. Con el paso del tiempo se volvería uno de los mejores expertos en la colocación de minas, utilizando este método en la guerra contra los alemanes. Fue distinguido por su bravura con “El Sable de Oro de San Jorge”, una hermosa arma enjoyada con la inscripción “Por el coraje” grabada en el guardamano. La arrojó por la borda años más tarde, en junio de 1917, cuando los marines sublevados de Sevastopol le ordenaron rendir sus armas. Su gesto es recogido por todos los libros que sobre él se han escrito, y en la película tiene una simbología aparte.
Monárquico convencido, se entrevistó personalmente con el Emperador Nicolás II, quien le invitó a su residencia para otorgarle el grado de Vicealmirante y Comandante de la Flota del Mar Negro, honor que conocieron pocos.
Durante la Guerra Civil dirigió el Movimiento Blanco, reuniendo bajo su mando todas las fuerzas antibolcheviques hasta que fue traicionado y entregado al Politcentro de Irkutsk por el general francés Maurice Janin, aliado y comandante de las tropas occidentales,
El final ya lo conocen.
Dicen que parte del oro de Kolchak, unas 200 toneladas, yacen sobre el fondo del lago Baikal, a una profundidad de más de 1500 metros. En su huida con el botín, a principios de febrero de 1920, la Legión Checa topó con tropas bolcheviques que habían minado previamente uno de los 38 túneles que el “tren de oro” debía atravesar. La explosión arrojó el convoy al agua helada del hermoso mar siberiano donde sigue hasta hoy día. La búsqueda no cesa y la leyenda del oro maldito sigue creciendo. También a principios de febrero del mismo año mataron a Kolchak. La gente que habita en la zona cree que entre los dos sucesos existe un vínculo muy estrecho. Seguirle la pista puede traer mala suerte, desgracias o incluso muerte. La primera fue la del Admiral mismo que, rodeado de tanta riqueza, eligió vivir pobremente en medio de su tropa.
Filmografía:“Admiral”, largometraje, Rusia, 2008
“El tren-fantasma. El misterio del oro de Kolchak”, documental, Rusia, 2010
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Robert Lozinski es autor de La ruleta chechena
la vuelta al cole
por hija de cristalero
Fotografía en contexto original:agirregabiria

De vuelta al trabajo después de un mes de asueto, paro en mi tienda de los chinos.
Madre e hija se ponen muy contentas de verme. No sé si porque les caigo bien o porque significo 2, 40 euros semanales (tres latas de Coca Cola). Me saludan muy contentas y casi salen de detrás del mostrador para darme dos besos.
Son las diez y media de la mañana, delante de mí hay unos obreros españoles que han cogido varias litronas de cerveza y hacen recuento de monedas. Cojo mi Coca de la cámara, llevo el dinero justo y lo dejo sobre el mostrador. La manga de mi colorista camisola de mercadillo, más o menos vaporosa, da tema a la hija. Desde el día que le pregunté si no está harta de estar con sus padres las 24 horas los 365 días del año, aprovecha cualquier ocasión para pegar la hebra conmigo.
- ¿No tienes caló con manga lalga?
A veces creo que está deseando que le diga que estoy deseando tenerla delante de una cámara y dejarla hablar sobre lo que significa ser joven, ser chino, vivir en España y pasar toda tu existencia pegado a unos padres que, sin ti, no podrían vender un lápiz porque no hablan ni papa de español.
Pero hoy no tengo ganas de hacer un documental de investigación sobre el fascinante mundo chinoespañol. Tengo síndrome postvacacional y un montón de trabajo mal pagado por hacer. Y además, está su madre, y los obreros, que debieron estudiar con la LOGSE y todavía no han acabado de contar monedas. Que aprendan de las chinas, que cuentan de miedo.
- No, esto no da calor –sonrío agitando la manga para que vea el vuelo que tiene- Adiós, buenos días.
Y, sin más dilación, me abro.
Peter Ugly
En tiempo de guerra cualquier hoyo es trinchera.
Celebremos juntos que ya esta aquí el tiempo de la cosecha.
Total control
por Mujerabasedebien
Fotografía en contexto original: fondosgratis
El señor Estepario cree que puede controlarlo todo.
Y a veces entiendo que lo crea: ha logrado detener el tiempo a su alrededor.
De regreso al cuartel, paro en su castillo inexpugnable, donde todo está en su sitio y todos saben cuál es el lugar que ocupan.
Conmigo no saben muy bien qué hacer.
No saben si dispensarme el mismo tratamiento que a otros oficiales de mi ejército, si tratarme con la delicadeza que merece una dama de la corte (no en vano soy la niña de los ojos de la Comandante), o indicarme el pasillo secreto por el que se adentran aquellas que se abren de piernas en su cama; mujeres sin nombre, sin voz y sin biografía, a las que él da la espalda en cuanto han cumplido su función.
Durante la cena, Estepario y yo nos hemos puesto al día sobre asuntos de la guerra. Después nos hemos sentado frente a la chimenea (Estepario también controla la meteorología, y tras las murallas de su fortaleza es crudo invierno) con una botella de coñac.
Es un hombre hermoso, que en ningún momento se permite contemplarme como lo que soy: una mujer. Se dirige a mí como si yo fuera otro hombre, como si mi uniforme no resaltara mis caderas, como si a mi camisa no se le hubiera desabrochado un botón. Con la segunda copa, pido permiso para quitarme las botas, él me lo concede y yo me libro también de los calcetines. Le descubro absorto en mis pequeños y femeninos pies, probablemente sean los únicos que ha visto en los últimos años, no creo que se detenga en esos detalles con sus queridas de urgencia. El deseo brilla durante unas milésimas de segundo en sus ojos y aprovecho para meter mis pies de mujercita bajo sus fuertes muslos de hombre. Él desvía la mirada hacia el fuego y le cojo la mano.
- No- musita sin mirarme.
- ¿Por qué no?
Me atrae hacia él, poso mi cabeza sobre su pecho y le abrazo. Al fin, él me abraza también
- Porque tú y yo sabemos que tu misión es volar la muralla que tantos años me ha costado construir- contesta dándome un beso en la frente.- Y, te seré sincero, llevo mucho tiempo deseando que alguien la vuele, volver a ser libre otra vez.
- ¿Entonces?- pregunto besando sus labios.
- Entonces…- hace una alto para besarme a la vez que afloja su abrazo- tú ya no tendrás ninguna razón para volver aquí. Ya sabes donde están tus aposentos. Buenas noches.
Echo un leño al fuego y me sirvo otro coñac.
Si pudiera, le diría la verdad:que yo sólo vengo aquí por el placer de su compañía.
La encargada de volar sus murallas nació dentro de ellas, tiene once años y ahora duerme plácidamente a pocos metros de aquí, ajena a su papel en la historia.
Erecciones
por Adrián Herreros
Un día, el sexo deja de ser tan importante.
Y puedes hacer dos cosas:
Asustarte.
O asumirlo.
Si te asustas,
querrás recuperar el tiempo perdido.
Demasiado tarde.
Si lo asumes,
porque hiciste buena tu biografía,
mi más sentida enhorabuena.
El hombre blandengue
Miguel Pérez de Lema
Mujeres, quizá nos estáis juzgando con excesiva dureza.
Hacemos todo lo que podemos para estar a la altura de los tiempos. No creáis que nos gusta que nos reprendan y nos traten como a hijos de un Dios menor. ¡Queremos ser modernos, lo necesitamos!
Pero de vez en cuando tenemos que recordaros de dónde venimos, cuál ha sido nuestra educación sentimental – y la vuestra, copón- para justificar nuestras caídas del alma, nuestra confusión, nuestro temor a este nuevo mundo desconocido/a. A estas sutilezas.
Deciros que crecimos bajo la teoría del hombre blandengue.
gente deshecha en L.A. (Anna)
por Juan Hoppichler

Anna y yo compartimos casa con siete personas más. Ella paga por dormir en la sala de estar, en el sofá. Lleva aquí un año. Vive mentalmente ausente y no muestra el menor interés en conocer a los tres europeos que se han mudado hace poco a uno de los dormitorios. Es de un pueblo de Kansas. Su padrastro la sobaba ante la indiferencia de su madre. Huyó con dieciséis años y nadie la buscó. Llegó a California para ser actriz y en diez años jamás ha conseguido un papel. Trabaja de camarera y dependienta, pero Mathew, el dueño de la casa, nos ha dicho que es nifómana y que sospecha que se prostituye, que por favor, si lo hacemos con ella, usemos gomita.
Cuando Anna está sobria es simpática. Un día le dije que era periodista -quería tirármela- y que si podía fotografiarla. Me dejó hacerlo, incluso desnuda, y me habló de sus aún vivos sueños hollywodienses. Se estaba promocionando ante mí. Quise conocer sus opiniones cinematográficas, para hacer la sesión más profesional, pero en realidad de cine sólo sabe que hace a la gente famosa.
Anna ha elegido el atontamiento como medio de supervivencia.
A mí ella me gusta, con sus trastornos de personalidad y adicciones incluidas, pero sólo le interesé los dos minutos que pensó que podría ayudarla en su carrera.
Quizá es mejor así. Nos es buena época para cuidar de locas.
el hombre desorientado
Los niños se han ido a pasar unos días con sus primos.
El gato y yo nos enseñoreamos de la casa, él dormita en su sillón y yo ando en camiseta y bragas hasta el momento en que toca salir a la calle a reunirse con otros seres humanos. Pero, si no tuviera amigos que me sacaran de casa, podría pasar una semana sin cambiarme, duchándome sólo cuando hiciera demasiado calor. Miguel Pérez de Lema dice que los hombres necesitan una mujer a su lado porque un hombre no se viste si no hay una razón para hacerlo. Pero contemplo el aspecto de la mesa del comedor, enterrada en montañas de papeles, miro el hábitat que se ha desarrollado en estos días en la mesita que hay frente a la tele: cuencos de nachos, vasos con rodajas de limón en el fondo, latas vacías… A lo mejor también yo necesito una mujer que me dé caña.
Hace años que vivo sola con mis hijos. Son ellos quienes impiden que termine de convertirme en un hombre dejado de la mano de dios. Cuando cargas con todo el peso de la familia y te encargas de atender al enfermo, hacer la comida, llevar al coche al taller y consultar la guía Repsol, adquieres todas las responsabilidades que antiguamente se repartían entre la madre y el padre, el hombre y la mujer. Y, al mismo tiempo, adquieres sus privilegios: detentas todo el poder.
Y el poder es algo que, hasta hace muy poco, estaba reservado a los hombres.
Es lógico que ellos estén desubicados. A muchos los educaron para proteger a las mujeres y ahora se encuentran sin misión en el mundo, sin nada que dé sentido a sus vidas. A ninguna mujer con dos dedos de frente debería dejar de preocuparle este asunto: somos madres, hermanas e hijas de hombres.
Pero no hay soluciones fáciles para este gran problema ¿Deberíamos las mujeres renunciar a la libertad que hemos conquistado, volver a ser propiedad del hombre para que ellos recuperen su lugar en el mundo? Ésa es la propuesta de los musulmanes y los católicos más acérrimos: encerremos a las mujeres, cubrámoslas, librémonos de la esclavitud sexual. Porque, ésa es otra: a la independencia económica de la mujer, se une una perversa hipersexualización de la sociedad en la que niñitas de doce años que no saben nada de cómo funciona esto del sexo, van vestidas como rameras, y mujeres de cincuenta años operadas de todo que parecen muñecas sin expresión, van vestidas como niñas. El otro día, un amigo me comentaba que ahora, en verano, empieza a sentirse agredido por la casi desnudez con la que las mujeres se pasean por su calle. Hasta yo, que además de hombre soy mujer, podía comprender de qué estaba hablando. Si al final los moros van a tener razón, ya verás.
Pero ¿qué se puede hacer? No podemos pedir a las mujeres que vuelvan a someterse al yugo. Por lo menos, no podéis pedírmelo a mí. Detento todo el poder que tuvieron mis abuelos, mis bisabuelos y mis tatarabuelos hombres, y no estoy dispuesta a renunciar a él. Si hubiera una hecatombe y llegara al Gobierno un partido que propusiera la vuelta a la mujer en casa y con la pata quebrada, no dudaría en armarme y salir a la calle a defender mi libertad; no dudaría en arriesgar la propia vida.
Pero el hombre necesita sentirse parte de algo, si la mujer se apropia y le excluye de la familia ¿qué será de él? No creo que la solución esté en reconducir a palos a las mujeres escapadas al redil. Quizá lo mejor que podría pasarnos sería que todo reventara y tuviéramos que reinventar la familia regresando a antiguas organizaciones tribales, como el matriarcado.
Pero conste que todo esto sólo son elucubraciones. El día que tenga la fórmula mágica que solucione todos los problemas, seréis los primeros en saberlo.









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